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AL ENCUENTRO DEL AMOR

AL ENCUENTRO DEL AMOR

ENCUENTRO CON EL AMOR

Cuando bromeaba con mis alumnos y alumnas preguntándoles si estaban enamorados, me miraban con ojos sonrientes y picardía juvenil, antes de responderme lo que correspondiera, pero siempre refiriéndose al amor en las dos primeras acepciones que el académico diccionario propone, obligándome a seguir la broma advirtiéndole que me refería a si estaban enamorados de la vida, más allá de su sentimiento hacia otra persona.

No es preciso tener frente a nosotros una pupila para sentir profundo amor por el objeto amado que nos convulsiona el ánima invirtiendo el rumbo de la sangre, pues el amor es grande e inabarcable dándonos oportunidad de quedar irremediablemente prendados de un gesto, una virtud, una cualidad o un objeto, incluso de la propia vida, a la que amamos desde que tomamos conciencia de la muerte, quedando a la espera de su visita para llevarnos hacia el viaje definitivo.

Amores desengañados o fieles y perdurables, que desbordan el intercambio de sentimientos entre seres de nuestra especie, demostrando la experiencia que el amor a otra persona es el más inestable de todos los posibles en muchas ocasiones, el menos duradero, el más decepcionante, el que menos garantiza la felicidad y el que más hace sufrir, cuando la convivencia se torna escurridiza, la rutina toma cuerpo, aumentan los bostezos y se apaga la chispa del encuentro con la novedad diaria.

Es entonces cuando toman fuerza otros enamoramientos, como el amor a la belleza y a la generosidad, a la obra bien hecha, a la paz, a la vida, a un paisaje, al crepúsculo encendido, a la esperanza incluso desesperanzada, a la justicia, a la amistad y al amor propio como garante de amor eterno y perduración amorosa.

MIEDO

MIEDO

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Es el miedo profunda caverna que se hace cada vez más tenebrosa cuanto más se penetra en ella por el camino empedrado de la cobardía, llegando a perderse en el silencio las huellas del redentor sendero que conduce a la luz, pues la oscuridad que alimenta el miedo es mayor que la esperanza en la resurrección.

El miedo forma parte esencial de la raza humana, es un componente básico de su estructura vital y acompaña al ser humano desde que el primer homínido apareció sobre la Tierra azarosamente, permaneciendo milenios hermanado a su constitución personal, inseparable y afiliado a él como el grano de trigo a la espiga.

El ser humano tiene miedo a toda novedad impredecible que escape a su control y dependa de voluntades ajenas. Por eso teme a la nada, a lo invisible, a lo desconocido, a la muerte, a la soledad, al sufrimiento, a la enfermedad, al paro, al castigo y a perder amores, amigos o salud.

Pero conviene saber que el poder otorgado por su primogenitura, puede ser derrotado con la entereza del valor, la intrepidez del arrojo y el denuedo del coraje, porque el miedo no es invencible, y sale huyendo por la gatera cuando la osadía entra por la ventana. Eso explica el renombre de los héroes que sometieron el miedo al atrevimiento para vencer la resignación y el triunfo inevitable del pueblo que arrinconó temores colectivos alentando revoluciones que han cambiado el rumbo de la historia

Pero el invento de dioses a quien adorar y ofrecer sacrificios para eliminar el miedo a la contingencia humana, ha multiplicado la turbación que pretendía evitarse, porque se ha extendido el temor a los propios dioses que fabricamos para liberarnos de él, siendo la muerte la gran liberadora de todos nuestros miedos.