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LA GRANDEZA DEL PERDÓN

LA GRANDEZA DEL PERDÓN

El error es una cualidad del ser humano que a todos acompaña, merecedora de olvido cuando el transgresor solicita perdón con sincero arrepentimiento por la ofensa producida, siendo el indulto personal virtud evangélica y excelencia social que enaltece a quien lo practica.

Sabed ahora que alguien en trance de acabamiento moral ha solicitado humillante perdón por las ofensas proferidas a un mandamás, erigido en juez y parte, que tiene por oficio no dejar títere con cabeza desde las tribunas públicas y privadas, aceptando los ofendidos por él sus disculpas cuando privadamente las solicita, sabedores los calumniados que el perdón es el mejor camino para la reconciliación, el bienestar y la paz.

Itinerario de generosidad y bondad que los católicos manifiestan seguir ante su Dios entre golpes de pecho, pidiéndole perdón al Todopoderoso por las ofensas realizadas al prójimo, así como ellos perdonan a sus deudores. Por esto, los católicos sin capacidad de perdonar deben ser personas infelices con mucho sufrimiento interno y merecedoras de compasión por la frustración existencial que padecen y el pecado cometido al ofender a su Dios con actitudes alejadas de la religión que aseguran practicar, ante el auditorio que atónito les escucha y contempla con ojos asombrados por su comportamiento opuesto a los principios evangélicos que dicen profesar.

Deben saber los negadores del indulto a quienes arrepentidos de sus acciones lo solicitan, que el perdón engrandece a las personas que lo practican, y los acrecienta en virtudes que acercan a la felicidad, siendo el empecinamiento en el castigo camino de empobrecimiento moral y ruta que conduce a la incomprensión y el desprecio de los corazones generosos.

BALBUCEOS DEL KÁISER

BALBUCEOS DEL KÁISER

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Si hablamos del berlinés Friedrich Wilhelm Viktor Albrecht von Hohenzollern, su nombre nada dice; si nos referimos a Guillermo II de Alemania, tampoco aclara mucho; pero si mencionamos al káiser del imperio alemán y rey de Prusia, nacido un día como hoy de 1859, que gobernó durante treinta años, desde 1888 hasta concluir la Primera Guerra Mundial en 1918, ya lo tenemos más claro.

En el aniversario de su venida al mundo, vale la pena recordar algunas ideas de este angelito manda-mandamás, como aquella pronunciada en 1915, diciendo: “Exterminad primero a los traidores ingleses y pasad sobre el despreciable pequeño ejército del general Freuch. El espíritu guerrero vive en el pueblo alemán. Es un espíritu poderoso, que le hace atacar al enemigo donde quiera que lo encuentre, sin reparar en sus fuerzas. Vosotros, mis soldados, sois mi garantía de que podré dictar la paz a los enemigos. La bondad de Dios guía al pueblo alemán hacia la victoria a través de las batallas, para que llegue a la meta señalada al pueblo alemán por la Providencia. He desenvainado la espada y no podré envainarla sin la victoria y sin el honor”.

Terminada la tragedia vemos al pobre cómico sin coloretes ni disfraces y fuera de las tablas, desempeñando el triste papel de un hombre derrotado y humillado. Pero antes, los estertores de la bestia causaron pavor entre los enemigos y propios soldados del káiser que pusieron los muertos en la tragedia.

“América haría mejor en considerar bien la guerra – dijo entonces-. No soportaré tonterías de los americanos. Mi espada destructora ha aplastado a los rusos. Dentro de poco anunciaré nuevas victorias. El drama de la guerra está llegando al fin. En una causa justa estoy dispuesto a obligarme a mí mismo a ser cruel. Y ya sólo le queda, y sería una bonita solución, que ser cruel consigo mismo.

En 1916 advirtió: “El miedo ha de llegar hasta los huesos del enemigo. Hemos tomado Bucarés. ¡Qué éxito tan magnífico ha sido alcanzado con la ayuda de Dios en el camino de completar la victoria! Alemania es invencible, a despecho del número superior de nuestros enemigos y cada día se confirma esto. Alemania conoce su poder, su fuerza y confía en la ayuda de Dios. El enemigo está defendiendo su suelo palmo a palmo. Es la resistencia de la desesperación, que ha de ser quebrantada. Toda Alemania contempla con orgullo a sus bravos hijos, cuyas hazañas, con la ayuda de Dios, serán un jalón en el camino de la victoria final”.

Ya veis, amigos, las continuas invocaciones del káiser a Dios pidiendo su ayuda y justificando la barbarie en su nombre, anticipándonos algo de lo que vino años después con el führer.

Finalmente, en 1917, afirmó: “Si el enemigo no quiere la paz, nosotros debemos traerla golpeándole con puño de hierro. Los submarinos no descansarán hasta que el enemigo haya sido batido con la ayuda de Dios. Con la ayuda de Dios, que hasta ahora nos ha protegido graciosamente, el enemigo sufrirá la derrota. Ha llevado a sus hombres a la muerte, y no cesará hasta que, agotado, tenga que rendir armas. Inglaterra es el enemigo que hay que derribar más especialmente, por difícil que ello sea. El año 1917, con sus grandes batallas, ha probado que el pueblo alemán tiene en el Señor de la Creación un aliado incondicional y fiel, en el cual puede confiar absolutamente”.

ME HAN HABLADO DE DIOS

ME HAN HABLADO DE DIOS

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Un entrañable amigo sacerdote – por ese orden, primero amigo y luego buen cura – me ha hablado de Dios y de la fe necesaria para alcanzar la fe en lo imposible de percibir por otros medios que no sea creer-crear lo que no vemos, asegurándome feliz vida eterna a pesar de mi incredulidad, porque el testimonio de vida es aval de salvación más allá de la preceptiva obligación de creer lo que niega la razón.

A cambio, yo le he manifestado mi alejamiento de su fe y el rechazo a los dogmas y doctrina que él predica, inoculada en mi infancia con leche materna y catecismo parvulario, que mantuve durante años como dulce quimera, pensando que alcanzaría feliz vida eterna sin saber que tal presea era inalcanzable por inexistente, junto al espectáculo sobrenatural como adorno de una realidad incluyente de metáforas y consoladoras ilusiones en paraísos celestiales.

Pero ni el más incrédulo puede negar el valor espiritual, mérito cultural, relevancia antropológica, influencia social, alcance político, redentora esperanza y magnitud filosófica de las diferentes doctrinas en las que confían los humanos que en ellas han depositado su fe.

“Y si todo lo que te niegas a creer fuese cierto, Paco, y más allá de la vida te encontraras con Él, ¿que pasará?”, me preguntó mi querido Ángel, y la respondí parafraseando a Bertrand Russell: “Pues le saludaría cordialmente, recriminándole que no me hubiera dado suficientes pruebas y me obligara a creer cosas que la razón otorgada por Él rechaza”.

Lo importante de nuestra fructífera y larga amistad es el incuestionable afecto que nos guardamos y el respeto mutuo, porque su credulidad es tan sincera como mi descreimiento, y su fe tan comprometida con el mundo como mi lucha por valores eternos que perdurarán más allá de esta efímera vida, por lo que merece la pena toda desgarradura fraternal.

EVA BRAUN

EVA BRAUN

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He agotado todo el Primperán de las boticas salmantinas para contener las náuseas y vómitos que me ha producido la visión del reportaje “Eva Braun en la intimidad de Hitler”, donde esta trapecista aficionada muestra el rostro más abominable del desprecio a la vida de los demás, incluyendo en este multitudinario grupo a todo aquel que se moviera o se quedara quieto, porque el caso era matar, asesinar, fumigar, torturar y exterminar.

Las imágenes tomadas por esta fotógrafa en Berghof son un testimonio de valor documental incuestionable, pero revelador de la indiferencia con que se vivía en el lujoso refugio hitleriano las masivas muertes de soldados alemanes y aliados en el campo de batalla, junto al exterminio de judíos y discapacitados en los campos de concentración.

Llamarse Eva es para las mujeres católicas un privilegio puesto que fue la primera mujer que vio a Dios al nacer, cuando este decidió hacer una obra de arte eterna con la costilla del hombre procedente del barro que dio vida al primer ser humano, creado a imagen y semejanza de su Hacedor, según el relato bíblico.

Pero tal privilegio de nombre se torna en tragedia si lleva como apellido Braun, terminando en suicidio al cambiarlo por el de Hitler en el bunker del matarife, donde el cianuro hizo su tarea cuando Berlín era un despojo en manos de los aliados y el país germano estaba diezmado de ciudadanos por seguir estos ciegamente las instrucciones de un visionario resentido ante el fracaso alemán en la primera guerra.

INVISIBLES SUICIDAS

INVISIBLES SUICIDAS

ELTERRORISTASUICIDAFernandoVicente

Haciendo uso del derecho a opinar que asiste a todos los ciudadanos, hago público mi pensamiento en torno a los atentados sangrientos que han segado de cuajo la vida de inocentes vecinos parisinos, provocando inevitables sentimientos de dolor, rabia contenida, impotencia manifiesta y atenazante frustración, porque nada puede hacerse, y lo que se está haciendo no hará más que agravar la fractura y multiplicar la sangre.

No es momento de perder la razón cuando más la necesitamos, ni dejarnos arrebatar el sentido común por la venganza que conduce a un callejón sin salida, ni olvidar la historia por la inmediatez de los hechos, ni sustituir la templanza por la ira, porque todo ello nos impedirá ver el bosque donde nos encontramos rodeados de árboles sin hojas de libros en sus ramas, salvo las del Corán.

Los bombardeos que están llevando a cabo los franceses en la guerra que han emprendido contra ISIS, evidencian que han olvidado la historia y sus consecuencia, abandonando el análisis de la realidad en Irak, Siria, Afganistán y otros territorios, donde las bombas contra ellos multiplicaron el número de voluntarios dispuestos a inmolarse y disparar contra todo lo que se mueva en occidente.

Los terroristas son seres invisibles contra los que no se puede luchar por mucho que se empeñen los gobiernos, porque son indetectables por los radares, imperceptibles a las cámaras fotográficas, impalpables al tacto policial, incorpóreos a toda investigación, con una capacidad de transformación indescifrable a simple vista.

En ocasiones, el terrorista resulta ser el vecino amable que nos saluda sonriente cada mañana, hasta que un día nos lo cruzamos en la escalera sin percibir el cinturón de cartuchos que llevaba ajustado al cuerpo, camino de una escuela donde los niños se agrupan a la puerta o camino del estadio de fútbol donde juega el equipo de su preferencia.

También puede ser el compañero que un día no acudió a su puesto de trabajo porque tuvo que viajar en tren para llevarse con él al paraíso a las decenas de personas que estuvieron a su lado en la sala de espera de la estación, sin prevenir que el joven sentado a su lado estaba dispuesto a destrozar la vida de la esposa, hijos, padres y hermanos de los asesinados.

Estos personajes invisibles tienen la sonrisa en paz, pero el alma en guerra. Aparentan la mansedumbre de los corderos bajo su piel de lobo. Se consideran liberados de esclavitudes terrenales, sin percibir que su voluntad está cautiva. Y atesoran la ignorancia de los cuadrúpedos, quedando en manos de encantadores espirituales que aprovechan su incultura para dominar sus mentes.

Tened en cuenta, amigos, que mientras haya un inepto creyente de cualquier religión, convencido de que inmolarse por su Dios le llevará a la felicidad eterna, el terrorismo será invencible. Y tened aún más presente que la insaciable codicia de occidente hará imposible la paz.

ME DUELE PARÍS

ME DUELE PARÍS

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Leo con estupor lo sucedido ayer en París y el corazón no me responde. Veo las imágenes mortuorias en la televisión y se me nubla la vista. Oigo el grito de ¡Alá es grande! y se me endurecen los tímpanos hasta la sordera. Pongo la mano sobre el Corán y encallecen las yemas de los dedos.

Me duele el centenar de víctimas inocentes que ha dejado un reguero de sangre en las calles parisinas, abierto por vesánicos disparos de quienes gritan hasta enronquecer la grandeza de Alá desde su pequeñez mental, convencidos en la venturosa felicidad que les espera en inexistentes paraísos.

Me duele el peregrinaje de miles de personas que deambulan sonámbulas, sin futuro ni paradero, de frontera en frontera y de campo de refugiados en campo de refugiados, con los hijos en brazos, huyendo de matanzas provocadas por los señores de la guerra desde sus despachos, impasibles al dolor ajeno.

Me duelen las sonrisas del trío de las Azores y su frialdad reconociendo que con sus cínicos polvos provocaron lodos de sangre que ahora se expanden como plaga bíblica, sin que a los palacios donde habitan les llegue el barrizal sangriento de la venganza terrorista amamantada en el estado islámico

Me duele la impotencia del Estado ante los atentados terroristas, porque siempre habrá un alienado dispuesto a salpicar las pareces con sangre ajena, sembrando el pánico en una población sin culpa de la pena que impone la barbarie de mentes abducidas por doctrinas manipuladas.

Me duele la impunidad de quienes aprietan los botones mentales de ciudadanos ignorantes y predican violencia contraria al mandato islámico de paz, pues no en vano el Profeta Muhammad reiteró el mensaje de Dios cuando dijo: “Ustedes no entrarán al Paraíso hasta que crean, y no creerán hasta que se amen unos a otros”.

CRUZADAS Y GUERRAS SANTAS

CRUZADAS Y GUERRAS SANTAS

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Mirando hacia Siria, comprobamos que la historia de la Humanidad podría escribirse siguiendo el rastro de sangre que las diferentes guerras religiosas han derramado en nombre de dioses que predicaban amor, paz y entendimiento entre los seres de la misma especie, convertidos en animales irracionales, por mucha razón que acreditaran.

Detrás de cada conflicto bélico-religioso hay oscuros intereses de mitras, turbantes y tzitzites, mandamases codiciosos de dominar no se sabe muy bien qué, aunque todos sepamos qué quieren dominar, jugando con los sentimientos religiosos de muchos ciudadanos necesitados de cultura, trabajo y pan.

Son los jefes político-religiosos de distintas épocas históricas quienes han hecho de su voluntad, la voluntad de cada dios; de su ambición, la ambición de su dios; de su cinismo, la mentira de su dios; y de su poder, un hipotético poder otorgado por Dios, como le sucedió al caudillo, que lo fue por la gracia de Dios acuñado en las monedas.

Si quienes se inmolan pensando que su muerte les llevará al paraíso, hubieran crecido con un libro en la cabecera de su cama, probablemente pondrían los explosivos en manos de los predicadores de la violencia, cediéndoles el alto honor de ser ellos los primeros en alcanzar la gloria.

Apremia un acuerdo entre los pontífices de cada religión para condenar tanto engaño. Los obispos, rabinos, pastores, imanes y venerables maestros, han de llegar a un punto de encuentro sobre los valores éticos, comunes a todas las doctrinas, que permitan a cada cual seguir siendo lo que es, sin tener que llegar a las manos para resolver los conflictos que fabrican quienes deciden sobre las vidas de los demás sentados en los despachos, sin pisar los campos de batalla.