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Autor: Francisco Blanco Prieto

SINRAZÓN DE LA INCULTURA

SINRAZÓN DE LA INCULTURA

Las matanzas indiscriminadas de vesánicos francotiradores armados, se está convirtiendo por obra y gracia de la sinrazón, el racismo, la xenofobia, el fundamentalismo y otras patologías aún por describir en el manual del buen entendimiento, en macabra moda impuesta por ciudadanos sin conexiones neuronales en su cerebro.

A la religiosidad de quienes practican el As-Salaam alei-kum enunciado por el Corán para desear la paz a sus vecinos, se ha enfrentado la locura del joven descerebrado matarife Brenton Tarrant, que metralleta en mano liquidó en diecisiete minutos a decenas de religiosos musulmanes que oraban pacíficamente en la mezquita neozelandesa de Al Noor de Christchurch.

El terrorista autor de la masacre y experto jugador de consolas violentas donde ha masacrado durante años a todo aquel que ponía a tiro virtual, ha refinado su matanza con morbosidad diabólica, grabando con técnica de consola su exterminio, como si se tratara de un videojuego practicado desde niño en la habitación de su casa, con beneplácito de sus padres y admiración de colegas, tras conseguir records en escabechinas sin esfuerzo.

Mientras los mandamases del mundo entero estén más pendientes de los balances económicos multinacionales donde muchos participan, sin dar prioridad a la educación de padres, hijos, parientes, amigos y vecinos, seguiremos viviendo en una selva con GSMs. y plasmas, aunque sin taparrabos, dispuestos a postergar disidentes, quemar libros, silenciar pensadores, despreciar pacifistas y quitarle caramelos a los huérfanos.

Sólo la cultura nos salvará de tales espectáculos funerarios. Sólo el buen uso de la inteligencia nos librará de cuentos. Sólo desempolvando la razón seremos personas. Y sólo la experiencia analítica, profunda, rica y lúcida será el camino a seguir para lograr la autonomía doctrinal y el criterio propio, que nos permita rechazar ideologías prefabricadas por quienes se benefician de ellas.

FUTBOLMANÍA

FUTBOLMANÍA

Consideróme ciudadano futbolero normal, es decir, persona que disfruta viendo el adiestrado manejo colectivo de un cuerpo esférico hueco, manejado por un equipo de veintidós pies que tratan de burlar hábilmente a once pares de botas contrarias, ejecutando regates, controles, pases y acrobacias propias de quienes dominan el esférico con las extremidades inferiores. Pero de ahí no paso.

Quedarme en esa antesala no solo me facilita gozar siempre del espectáculo, sino que además me protege de risas y llantos; abrazos y reproches; celebraciones y silencios; fiestas y funerales; al no cruzar la línea roja de compromiso con un club concreto, pues mi contrato es con el fútbol-espectáculo como deporte complaciente cuando es bien practicado por un equipo cualquiera, sin tener en cuenta los colores del mismo, ni la localidad que le da nombre, ni la nacionalidad, ni aspecto alguno que apellide al club,

Ello me evita los disgustos adicionales que contemplo en amigos y amigas partidarios de una escudería concreta. Y me reafirma en la convicción de que quienes tienen que gozar o sufrir con los resultados son los beneficiarios del negocio: jugadores, entrenadores, directivos y periodistas afines que se dejan la garganta en las televisiones y los dedos en el teclado del ordenador, escribiendo con dolor o satisfacción la crónica de lo sucedido en la pradera de juego.

La futbolmanía que se apodera de fanáticos seguidores abducidos por camisetas de diferentes colores, conduce a inhumanos ataques de violencia física que se están prodigando como hongos otoñales en difentes palestras futboleras, donde unos descerebrados espectadores, directivos y/o jugadores se transforman por obra y gracia de un pitido y/o del resultado, en verdugos de quienes silban contra su voluntad, meten goles o aplauden jugadas de la cuadrilla opuesta.

Espectaculo lamentable de abducción futbolera, que provoca aplausos de los aficionados a balompedistas defraudadores en la puerta de los juzgados; enajenación mental transitoria que induce a dirigentes futboleros a noquear en el campo a miembros de la pandilla opuesta; matonismo que faculta a mafiosos para exhibir revólveres en la cintura sobre la hierba donde deberían estar pastando; y demencia colectiva de aficionados que se agreden mutuamente, destrozan mobiliario urbano, humillan a los mendigos y provocan a los pacientes y resignados policías con gestos e insultos merecedores de cargas que los espantaran allende las fronteras de la civilidad y el deporte.

DESPOTISMO ILETRADO

DESPOTISMO ILETRADO

El despotismo ilustrado que dio algunos frutos en el siglo XVIII con monarquías absolutas en el trono, se miró en el espejo de la Ilustración tratando de conseguir que las decisiones políticas estuvieran guiadas por la razón y sin factores contaminantes, como sucede actualmente en nuestra pseudocracia donde no acaba de hacerse realidad la soberanía del pueblo y el derecho a elegir sus gobernantes, porque la omnipotente partitocracia se niega a dejar abiertas las listas electorales, obligándonos a votar candidatos de su preferencia interna, por razones que todos sabemos y ningún líder de partido se atreve a confesar.

El actual despotismo abusivo no muestra preferencia por color alguno y se mueve a sus anchas en todo el arco parlamentario desde el rojo al azul pasando por el amarillo y violeta, disfrazado con formas legales para conseguir que la virtualidad de sus vidas tenga poco que ver con la realidad ciudadana, insatisfecha con decisiones, complicidades, mentiras y jergas que no comparte.

El moderno cesarismo no presenta la misma cara que tuvo en las monarquías aludidas, pero ahí sigue. Es menos ilustrado que el reconocido históricamente, pero continúa a nuestro lado, disfrazado ahora con urnas, papeletas y leyes que todo lo justifican, con objeto de confundir a los ingenuos.

Se ha maquillado, ha pasado por el quirófano de la estética política, se ha camuflado, sonríe, saluda y seduce a los incondicionales seguidores, porque el actual despotismo es como ese vecino abusón que soportamos a diario sin poder hacer nada para echarlo de la comunidad, aunque hayamos sufrido  todos los vecinos sus excesos.

Actualmente se ha colegiado para ocultar los intereses y caprichos personales de los mandamases, con ficticia preocupación por el bienestar del pueblo. Hoy los déspotas se han agremiado el partidos políticos, amparados en la legalidad para despistar a quienes aplauden la forma de actuar de su correspondiente bandería, sin darse cuenta que tanto unos como otros representan un despotismo que no beneficia a la mayoría, por mucho que tales oligarquías se escondan detrás de siglas políticas de diferente pelaje.

Sabed, pues, que el actual despotismo es incoloro como el aire e insípido como agua, pero huele a mentira desde media legua y despide el mismo hedor que una fosa séptica; padece fotofobia, porque detesta la luz, claridad y transparencia; aborrece los taquígrafos porque su argumento es la censura que hace opaco el envoltorio. Y prefiere las órdenes, a las razones; las imposiciones, a las sugerencias; las direcciones obligatorias, al campo abierto; y la adulación a la crítica.

¿EL FIN JUSTIFICA O NO JUSTIFICA LOS MEDIOS?

¿EL FIN JUSTIFICA O NO JUSTIFICA LOS MEDIOS?

Si el “fin” se refiere al ámbito del sentido, objetivo y finalidad de una acción; y los “medios” corresponden al ámbito puramente instrumental formado por mecanismos y mediaciones que permiten alcanzar lo pretendido, parece claro que si los medios empleados no son perversos y el fin es bueno, aquellos pueden y deben ser empleados, invalidándose la genérica frase de que “el fin no justifica los medios”.

La locución contraria a esta procede de un manual de ética del siglo XVII escrito por el jesuita alemán Hermann Busenbaum, diciendo que “cuando el fin es lícito, también lo son los medios”. Evitemos el maquiavelismo que subyace en esta idea, rechazando que las guerras justifiquen y matanzas justifiquen fin alguno; que el terrorismo sea aceptable, por bueno que finja ser el fin que persigue; o que un golpe de Estado merezca el aplauso con el pretendido fin de librar a los ciudadanos de lo que no necesitan ser liberados.

Tampoco es aceptable matar a los pobres para acabar con la pobreza, exterminar a los mendigos para erradicar la mendicidad, fumigar a los enfermos terminales para ahorrar dinero a la sociedad o aniquilar a los parados para mejorar la estadística de desempleados.

Por otro lado, no es aceptable consentir las adhesiones y conversiones religiosas a base de amenazas con infiernos y castigos, abusando de la ignorancia ajena, ni son justificables las declaraciones de culpabilidad, delaciones y acusaciones obtenidas bajo tortura, ni aceptable la contaminación ambiental derivada de los medios empleados para el progreso.

Igualmente, hay medios detestables que la sociedad tolera complaciente considerando que el fin pretendido justifica el daño causado, como sucede con las penas capitales o las condenas carcelarias perpetuas. Incluso, en menor grado, no faltan educadores y padres en las filas del conductismo sancionador, que castigan a los educandos para lograr aprendizajes y conductas socialmente deseables.

¿Y qué decir de ciertas conductas que son condenadas en un contexto y exculpadas en otro, como es el caso del hurto para sobrevivir o la agresión en defensa propia?.

Las propias “normas”, sean éstas cuales fueren, son coactivas y limitantes de la libertad personal, pero son el medio empleado para conseguir un fin, avalando su empleo el “valor” que las justifica. Así, las normas de convivencia, las de tráfico, las de disciplina, las de comportamiento, están amparadas por el valor de la convivencia, haciendo que el fin justifique los medios empleados, aunque estos sean coercitivos.

¿PRESO POLÍTICO UN VOTANTE EN URNA LEGAL?

¿PRESO POLÍTICO UN VOTANTE EN URNA LEGAL?

Entre todos los alegatos hechos por los secesionistas, ponemos atención en dos afirmaciones pronunciadas por ellos que rechinan en un Estado Democrático de Derecho, tratando de confundir el sentido común y la lógica natural con sofismas y argumentos falsos o capciosos esgrimidos con la pretensión de hacerse pasar por verdaderos.

Coincidimos plenamente con su afirmación de que votar en un referéndum no es delito, por supuesto, ¡faltaría más!;  por eso no se sienta a nadie en un banquillo por ir a las urnas en un referéndum legalmente convocado, sino todo lo contrario pues el votante merece felicitaciones del sistema democrático. Pero cuando el Tribunal Constitucional dicta sentencia declarando inconstitucional un referéndum, quien lo convoca, apoya, organiza y vota, comete delito de desobediencia grave a la autoridad y a la ley, como le sucede a los dirigentes catalanes procesados, buenos conocedores de la sentencia del Constitucional en claros términos y contundente: “El Tribunal Constitucional declara inconstitucional y nula la Ley de Cataluña 19/2017, de 6 de septiembre, denominada “del referéndum de autodeterminación”. No hay duda, pues, de la ilegalidad del referéndum promovido por los encausados.

Por otro lado, con persistencia machacona de martillos pilones, los independentistas golpean nuestras mentes con tesón de propaganda goebbeliana diciendo que los procesado son “presos políticos”, sabedores que una mentira mil veces repetida se convierte en verdad indiscutida, ignorando que en su caso nadie aceptará que los “políticos presos” pasen a ser presos políticos por obra y gracia de la propaganda secesionista.

El juicio a los cabecillas del “procés” con los abogados defensores al ataque político, los compañeros políticos desplegando toda la artillería verbal contra el juicio, el fugado Puigdemont en Berlín olvidando en la rueda de prensa que un Estado de Derecho exige el cumplimiento de las leyes, y los CDRs. vociferando contra el Estado opresor, nos obliga una vez más a diferenciar “político preso” de “preso político”, para confirmar el fracaso en el intento de confusión.

         El preso político es una persona encarcelada por su conciencia e ideas, sin haber cometido delito tipificado en los códigos legales; y estos políticos presos son personas que han ejercido el poder otorgado por las urnas para cometer presuntos delitos penados en tales códigos, considerándose amparados en una impunidad a la que nunca tuvieron derecho, porque el cumplimiento de las leyes también les afecta a ellos, dado que el propio Consejo de Europa estableció en 2012 que solo puede considerarse preso político la persona detenida por razones estrictamente políticas, sin haber cometido delito penal alguno.

Los encausados: Junqueras, Romeva, Forn, Bassa, Rull, Forcadell, Vila, Borrás, Mundó y los tres Jordi´s, no están en el banquillo de acusados por sus ideas políticas, ni por sus manifestaciones independentistas, no. Están siendo juzgados por haber cometido presuntamente graves delitos como rebelión, sedición, prevaricación, violación de leyes y desobediencia a mandatos constitucionales, según la instrucción del caso.

Estos doce políticos y los exiliados: Puigdemont, Rovira, Comín, Serret, Ponsatí, Puig y Gabriel se habían acostumbrado a convertir en sayos personales las leyes vigentes con escandalosa impunidad, como pudo verse el 27 de octubre de 2017, para conseguir la secesión catalana en contra del ordenamiento jurídico vigente, despreciando a la mitad de sus vecinos y usurpando la soberanía nacional, con su declaración unilateral de independencia.

Declaración que ponía en vigor la esperpéntica Ley de Transitoriedad Jurídica y Fundacional de la República, iniciándose con ello un frustrado proceso constituyente, democrático, transversal, vinculante, ciudadano y participativo, aunque la mitad de los ciudadanos catalanes no participaran de tal república catalana, suspendida por el Tribunal Constitucional el 31 de octubre de 2017, a pesar de que Puigdemont declarase ante un Parlamento Catalán asumir el mandato de convertir Cataluña en un Estado independiente en forma de república.

Es decir, los doce procesados son políticos presos y no presos políticos, como ya dijo el jueves 9 de noviembre de 2017 Amnistía Internacional, declarando que los acusados no eran presos de conciencia.

Ahora solo cabe esperar que el tribunal que los juzga respete plenamente el derecho de los procesados a tener un juicio con todas las garantías legales, respetando los derechos que les asisten.

Si al final quedan absueltos por el tribunal de los delitos imputados, aceptaremos que fueron encarcelados y procesados por su condición política al sentenciarse que no cometieron delito alguno, y la democracia tendrá que devolverles el honor y la dignidad que la instrucción del proceso les ha hurtado. Pero si son condenados, quedará confirmado lo que piensa mi panadera.

La manada en libertad

La manada en libertad

La última decisión de la Audiencia Provincial de Navarra que juzgó y condenó a nueve años de cárcel a los cinco autocalificados cuadrúpedos de la “manada”, ahora los deja en libertad hasta que haya sentencia firme, obligándonos a reflexionar sobre el distanciamiento que existe entre algunas sentencias judiciales y el común sentido de los mortales.

No cabe negar la legalidad de la decisión tomada por el tribunal en aplicación de las leyes vigentes, pero también es cierto que cuando las sentencias judiciales no son comprendidas ni compartidas por los ciudadanos, algo habrá que hacer para conciliar ambas posturas en un Estado Democrático de Derecho.

Tal vez, todo empezó cuando el tribunal calificó de “abuso sexual” en vez de “agresión sexual” como pedían el fiscal, las acusaciones y los habitantes de la piel de toro desde Gata a Finisterre, opinando que se trataba de una agresión en toda regla, preludio de importante protesta social, por incomprensión popular de la sentencia dictada por los altos magistrados del tribunal.

Los altos magistrados que sentenciaron y ahora dejan en libertad a los cinco animales de rebaño, -según propia definición de los condenados autodefiniéndose como “manada”-, juzgaron que hubo abuso en los actos que realizaron, y no agresión, tal vez porque la sangre no corrió entre las piernas de la joven, ni hubo desgarraduras vaginales, ni perforaciones intestinales, ni lesiones en la glotis, ni la chiquilla clavó las uñas en los de los garañones, ni cortó el pene a los depredadores.

La ignorancia jurídica que nos asiste a los disconformes con la decisión tomada, impide ver el margen de interpretación que cabe a los magistrados sobre los hechos relatados por ellos mismos en su sentencia, pues no alcanzamos a comprenderlos, ni dónde están las dudas, ni cuál debe ser la actitud del Consejo General del Poder Judicial con los jueces, ante la sentencia dictada por los detestables hechos acontecidos la noche del 7 de julio de 2016 en el portal número 5 de la pamplonesa calle Paulino Caballero.

Cuando el Derecho Penal se opone a la capacidad comprensiva de los mortales; cuando la interpretación judicial es contraria a la lógica natural; y cuando las sentencias son incomprendidas por el pueblo, urge modificar las normas jurídicas para evitar interpretaciones judiciales contrarias a las concepciones que los ciudadanos tenemos de la vida y los delitos.

ASESORES DE LA NADA

ASESORES DE LA NADA

Leo con asombro y malestar en un periódico digital que han aumentado los “asesores” ministeriales y el número de “asistentes” parlamentarios nacionales y europeos, como forma encubierta de acomodar a los amiguetes que no han encontrado acomodo profesional en la sociedad civil, poniéndose de manifiesto que líderes rojos, anaranjados, azules, morados y rojigualdas continúan con esta perversión democrática de insultante calado, maliciadora del diccionario y envilecedora del lenguaje, convirtiendo a muchos ciudadanos en gandules encorbatados y parásitos institucionales, beneficiarios de privilegios inmerecidos conseguidos a base de parentelas, amiguismo y dobladuras de tronco.

Algo que debía ser área de auténticos expertos en temas concretos para asesorar a los políticos en sus decisiones, se ha convertido en privilegiada jaula de ignorantes y coladero feliz de familiares y vecinos, vivientes del arbitrario padrinazgo que los “emplea” a costa de los contribuyentes, paganos de sus prebendas y salarios.

Esto explica la sobreabundancia de pulgones en los despachos oficiales, mamando de la teta pública, sin oficio ni capacitación, como chinches de diferentes colores, moviéndose en órbitas circulares alrededor del patrón, carentes de dignidad, con la testuz inclinada hacia abajo, fétidos morales pero sumamente cómodos, chupando el sudor ajeno y taladrando la justicia social con picaduras irritantes.

Asesores de vuelos celestiales, entrenadores de pulgas, consejeros de nudos marineros, adiestradores de escarabajos y supervisores de la rotación solar, que cobran miles de euros mensuales por limpiar el polvo de los sillones con sus posaderas y engrasar con su caspa las cabeceras de los respaldos.

Vividores de la nada, destajistas de sablazos y empedernidos chupópteros, que deambulan por gobiernos, ministerios, parlamentos, diputaciones y ayuntamientos, exhibiendo desvergonzada ignorancia y servilismos a cambio de la indignidad que lucen como bandera en la solapa de sus trajes y multiplicando en número a los realmente asesoran a dirigentes de instituciones públicas en otros países democráticos.

De semejantes parásitos tenemos en España más de 20.000 larvas repartidas por diferentes administraciones públicas, que se llevan 1.000 millones de euros de nuestros bolsillos, constituyendo una plaga política que solo beneficia a los líderes que les ofrecen ¿trabajo? a cambio de servidumbres y favores.