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Año: 2013

CÁDIZ

CÁDIZ

la foto

Recostado en una almena del Castillo de San Sebastián, a la sombra del faro y bañado por la luz del océano, retrocedo cuarenta años en el calendario para evocar nostalgias en la Caleta vestido de color caqui, cuando la milicia universitaria se me antojaba castigo y el destierro apenas era consolado por las cartas que llegaban al fugaz descanso de la sobremesa estival.

Permanece la estrechez de la pasarela que nos llevaba desde el castillo a la ciudad y continúan las mareas con su ir y venir cegando y liberando los ojos del serpenteante recorrido que separaba la vida civil y militar, pero no hay rastro de la taberna donde burlábamos la disciplina del uniforme con ropa de paisano, para facilitar encuentros con las faldas, imposibles de lograr con las botas de hebillas y el gorro cuartelero.

Aquí sigue Puerta Tierra, el Teatro Romano y la catedral de Santa Cruz reflejando la luz del sol en sus azulejos dorados. Tampoco se ha movido del sitio donde quedaron, el monumento a las Cortes, la cárcel Real y el descendiente del achacoso vaporcito Adriano II que nos ha llevado una vez más al Puerto de Santa María, para recordar a Rafael Alberti y visitar los cocederos que muestran afanosos sus mariscos.

Pero no queda rastro por las calles gaditanas de los quioscos de fritura, cuando los pescaítos pasaban del cucurucho de papel a la mesa del bar, acompañados de cerveza y bromas de los paisanos a los jóvenes milicianos que hasta allí llegábamos desde todos los rincones de España, para hacer sonar los cañones del 15/24 emplazados en la terraza superior de la fortaleza.

SEVILLA

SEVILLA

Unknown

Alguien dijo a Sevilla que no hiciera caso de las caricias del río porque era galán de paso, pero como yo no soy galán, la ciudad me ha mirado una vez más de frente mostrándome sus encantos para seducirme con el perfume a menta y canela que destilan Triana y Sevilla, sin decidirme por alguno de ellos como le sucede al Guadalquivir camino de Sanlúcar, donde le espera la mar inmensa.

Sevilla es la gracia, el donaire, la simpatía, el arte y la copla. El vino fino de taberna y las aceitunas compartidas al sol en las puertas del otoño, cuando el oro de la Torre disputa su belleza a la Giralda, la Plaza de España nos da reposo en el espacio salmantino y la judería del barrio de Santa Cruz testifica los infinitos amores allí nacidos.

Pero también Sevilla es la picardía en las esquinas, la pobreza en los arrabales, la queja de los marginados, la negrura en los rincones y cientos de manos heridas por la miseria pidiendo para sobrevivir en medio de una vida marginada que aspira a una redención que amenaza con no llegarle nunca.

Quedan aún en Sevilla residuales ecos de pisadas medievales, cuando los señores de señoríos enseñoreaban su poder, convertidos hoy en señoritos que hacen resonar sus espuelas en cortijos abandonados y tierras muertas sin producción alguna, que podrían aliviar desgracias inmerecidas por una clase social abandonada, que sobremuere por carecer de cuna y fortuna.

TORO DE LA VEGA

TORO DE LA VEGA

Unknown

Sabed que mientras escribo esta página en la madrugada sevillana, un ser vivo de nombre Vulcano cuyo único delito es haber nacido, espera en un corral a ser llevado al campo abierto tordesillano para ser alanceado brutalmente hasta la muerte, por cientos de cobardes lanceros a caballo, en injusta lucha y desigual torneo.

Salvaje espectáculo de sangre, dolor y muerte, sin otra finalidad que divertir a un pueblo ocioso empeñado en reproducir cada año un rito medieval, propio de tribus con entrañas incultas, cabezas descerebradas, instintos silvestres y almas montaraces.

Baldón de un país que el 18 de enero de 1980 dio espaldarazo legal a semejante crueldad, declarándola de interés turístico, confirmado el 7 de septiembre de 1999 por la Consejería de Presidencia de la Junta de Castilla y León como espectáculo taurino tradicional, lo que no es más que un acto de crueldad y vandalismo salvaje, vergonzante para la irracional especie humana.

Los ciudadanos que se divierten alanceando al toro, degradan a sus vecinos, ultrajan los sentimientos humanos y deshonran la especie a la que pertenecen, porque la obscenidad de su comportamiento hiere de muerte la sensibilidad y quebranta el alma

La sonrojante matanza que hoy nos espera, tiene persistente hedor y amargo sabor a humanidad descarnada e infamante, formada por una multitud exacerbada, enrojecida, vesánica, aturdida y sobrada de crueldad, que presenciará la siniestra ceremonia y coreará el mortífero juego entre cientos de muñecos trágicos y un noble animal, inocente de toda culpa.

GRANDE, RAFA

GRANDE, RAFA

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Grande Rafa Nadal, no por su estatura corporal y méritos deportivos, sino por la grandeza de alma que pasea por pistas, despachos, televisiones y países, con espíritu solidario, generosa actitud y humilde compromiso, consiguiendo victorias elogiando a los rivales y esforzándose cada día por mejorar su oficio.

Grande Rafa por la sencillez de sus gestos, la dignidad de su testimonio, la deportividad que practica, la nobleza que exhibe y la verdad de sus palabras, desde que ganó en Baleares su primer torneo cuando apenas contaba ocho años y la vida comenzaba a darle las primeras palmadas en la espalda.

Grande Rafa por la lealtad guardada en la cumbre a quienes alimentaron sus ilusiones cuando luchaba por hacer realidad sus sueños, abrazando a Toni en las pistas y amando en silencio a la discreta Xisca, presente en su vida desde que compartieron adolescentes y románticos atardeceres en Portocristo.

Grande Rafa por sus felices lágrimas de triunfador, tras el calvario sufrido por una rodilla quebrantada por el esfuerzo, que se negaba a obedecerle, metiéndolo en un túnel del que ha salido con ejemplar esfuerzo personal, renunciando a una complaciente vida ya bien merecida, conquistada a base de sacrificio y lucha diaria.

Grande Rafa, por su constancia, valentía y confianza en sí mismo, sabiendo que le bastaba con seguir su propio rastro para morder trofeos en las tribunas hasta terminar comiéndose el mundo, cautivando a los aficionados y ganando el cariño de todos los que pierden las uñas a  mordiscos ante las pantallas de televisión.

Grande esta perla de Manacor por la amistad que conserva con sus amigos de la infancia, jugando a fútbol playa en Cala Romántica, visitando los pubs de la zona y pescando en aguas baleares, mientras los jóvenes tratan de imitar su capacidad de lucha, tesón y lealtad a los grandes valores que ha mantenido durante toda su vida.

Y cuando parecía que no cabía más grandeza en su interior, el otro día se ha negado a viajar en el avión que la Federación Española puso a su disposición para desplazarse a Madrid con objeto de jugar la Copa Davis, alegando que el país no está para pagar viajes a nadie, sin que los políticos, caraduras y gorrones que viajaron a Buenos Aires, durmieron en hoteles de lujo, yantaron en los mejores restaurantes y libaron exquisitos vinos, a costa de los ciudadanos que oprimen, se hayan dado por aludidos.

EL DOLOR NOS DESTIERRA

EL DOLOR NOS DESTIERRA

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A la deportación política de disidentes, la expatriación laboral de emigrantes y exilio social de marginados, se añade un destierro interior que incapacita para toda respuesta y separa del entorno a quien lo sufre, llevándole al confinamiento anímico en la más profunda soledad, aunque el amor y compañía de las personas queridas consuelen, porque el dolor tiene reservado el derecho de admisión y no puede compartirse.

No hay extradición posible del dolor cuando viene de frente y por derecho a clavarse en el alma; cuando asoma el desamor, azota el abandono, defrauda la amistad, visita la parca o acosa la decepción. Tampoco hay redención para el dolor que flota sobre la inclemente contaminación de la sangre, el crecimiento enloquecido de las células, las atrofias irreversibles de médulas, el castigo de las trisomías  y todas las desviaciones insalubres sin respuesta para la algología.

El dolor condena al destierro cuando se enquista en el alma o en el cuerpo, haciendo girones la esperanza y desgarrando toda posibilidad de retorno a la paz interior, que pretenden reponer las consoladoras caricias y reconfortantes estímulos de las personas que nos aman, cuidan y protegen.

La convocatoria del dolor aisla el sufrimiento, segrega la congoja, aleja la esperanza, ampara la desilusión, impermeabiliza el pesimismo, quebranta el ánimo, exilia del exterior y provoca aflicción del espíritu, pero su abandono impulsa nuestro crecimiento interior cubriendo espacios de la vida desconocidos mientras el dolor estuvo ausente.

Cuando el tiempo o el bisturí cicatrizan el suplicio, se recuperan estímulos vitales perdidos durante el tormento. Aprendemos a engrandecer las pequeñas cosas de la vida. Tenemos en cuenta lo que antes no percibíamos. Estimamos el valor de los gestos cotidianos. Y descubrimos la eternidad del amor cotidiano.

ENTIENDO, PERO NO COMPREHENDO

ENTIENDO, PERO NO COMPREHENDO

Bueno

Entender no es lo mismo que comprehender, ya que no es igual tener idea clara de las cosas y saber algo con perfección, que encontrar justificación a los actos, palabras y sentimientos de los demás. Por eso me resulta difícil aceptar aquello que no comprehendo, y rechazo compartir lo que repugna a mi entendimiento, viviendo por ello en resignada conformidad con mi ignorancia, controlando la frustrante impotencia de soportar con paciencia espartana toda la sinrazón que  hiere el común de los sentidos.

No comprehender actuaciones de seres de mi especie y estar incapacitado para descifrar razonablemente algunos comportamientos humanos, me produce un deterioro anímico superior a otras preocupaciones cotidianas a las que no doy importancia, porque me superan los interrogantes derivados de acciones imposibles de responder.

Entiendo que robar a quien hurta la vida de otros, merezca cien años de perdón, pero no comprehendo el daño gratuito a los demás sólo por el gusto de quebrantar.

Entiendo que la suerte de la cuna determina el futuro de las personas, pero no comprehendo que se juegue con la vida de los demás por un puñado de euros.

Entiendo el llanto enrojecido de quienes sufren sentencias injustas de la justicia, pero no comprehendo el hambre en el mundo si sobran recursos para todos.

Entiendo la perseverancia de los luchadores por la libertad, pero no comprehendo que haya amos del suelo, el aire, el agua y la vida de los vecinos.

Entiendo que la muerte sea la consecuencia inevitable de la vida, pero no comprehendo que la búsqueda de la paz sea el argumento de las guerras.

Entiendo la búsqueda de bienes materiales para la vida y la supervivencia, pero no comprehendo la codicia insaciable y la avaricia de los depredadores humanos.

Entiendo el falso juego político, las detestables razones de Estado y el polvo que desluce los despachos, pero no comprehendo que se mienta al pueblo con impunidad y descaro.

Entiendo los circunloquios, las perífrasis, los camelos y las metáforas oficiales, pero no comprehendo la negativa a responder las preguntas concretas.

Entiendo que la cultura de origen determine las creencias religiosas, pero no comprehendo las disputas, luchas y muertes entre creyentes por el dios verdadero.

Entiendo que la muerte es un irremediable destino de los seres vivos, pero no comprehendo su empeño en presentarse a la cita sin ser llamada, ni previo aviso.

Finalmente, entiendo que la vida es una cadena interminable de interrogantes, pero no comprendo por qué buscando entre todos no encontramos los porqués.

GOTERAS EN EL CONGRESO

GOTERAS EN EL CONGRESO

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La lluvia ha caído como plaga bíblica sobre el Congreso abriendo grietas en la cúpula que protege a los padres de la patria, no para bautizar a ministros y diputados con agua santificada por ángeles celestiales, sino para avisarles de peores consecuencias si continúan oprimiendo al pueblo, como hizo Dios con el faraón, cuando éste desatendió la demanda de sus hijos.

La lluvia que ha roto el tejado protector de los privilegiados patronos políticos, no procede de condensaciones atmosféricas físicas, sino de lágrimas y sudores recogidos en todas las mareas humanas que recorren las calles de las ciudades destilando indignación, rabia, dolor, pobreza y desamparo, mientras los diputados mantienen sus privilegios, sueldos y favores, protegidos por una cúpula hecha de papeletas electorales, que ellos han convertido en papel mojado, haciendo oídos sordos a la voz del pueblo.

Los ejecutores y legisladores que ayer miraban con asombro hacía el techo del Congreso, deben obturar pronto las vías de agua abiertas para evitar que se cuele por ellas la ira del pueblo, provocando el naufragio de la placentera vida que llevan los mesiánicos salvadores de su patria.