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Año: 2011

ESCRIBIDORES Y PSEUDOINTELECTUALES

ESCRIBIDORES Y PSEUDOINTELECTUALES

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No puede llamarse escritor a todo aquel que escribe, aunque muchos se autoproclamen escritores, sin serlo. Bien es verdad que el diccionario se empeña en decir lo contrario, estableciendo que todo ser humano que escriba, es escritor, lo haga bien o mal. Pero también es cierto que permite llamar a los malos escritores, escribidores. Pero ¿cómo debemos llamar a los buenos escritores? Nadie lo sabe.

Ante tal indefinición, resulta que todos los ciudadanos que no sean analfabetos, son escritores. ¿Os explicáis ahora por qué en los manifiestos, adhesiones, proclamas, denuncias y peticiones, aparecen tantas firmas de escritores que no pasan de ser escribidores?

Tal ambigüedad abre de par en par las puertas a copistas, escribientes, redactores, amanuenses y prosistas. Todos ellos escritores, aunque no lo sean. Por eso, para distinguir los escribidores de los otros, – pendientes de definir -, hemos optado por una solución de emergencia anticipando un adjetivo apocopado para definirlos diciendo que fulano de tal es un “buen escritor”, para distinguirlo de los escribidores. Éstos no saben jugar con las palabras para hacer con ellas obras de arte literarias que deleiten a quienes se acerquen a sus escritos. Hoy escribe todo el mundo y todos se llaman con razón – aunque les falte toda -, escritores.

Algo parecido ocurre con los intelectuales. Hay pseudointelectuales en España como para detener un tren de alta velocidad cuando galopa desbocado por los carriles de las vías férreas. Si a los falsos intelectuales les diera por jugar al corro de la patata se les quedaría pequeño el ecuador terrestre. Afortunadamente, en este ámbito se ha reservado el término sabio a los tres o cuatro que lo merecen, aunque al paso que vamos no tardarán en proliferar lumbreras de pacotilla aparentando tener el más alto grado de conocimiento, aunque en realidad sus saberes no pasen de erudiciones vulgares, al alcance de cualquier mortal. Todos ellos se colarán entre las fisuras que han dejado en los renglones del diccionario los habitantes de la casa que para ellos diseñó don Miguel Aguado, en la calle Felipe IV de Madrid. Leyendo lo que en él se dice, resulta que las listas de intelectuales que por ahí circulan son ciertas, porque todas las personas incluidas en ellas se dedican preferentemente al cultivo de las ciencias y las letras. En este caso, la solución a tomar para distinguir unos de otros, es parecida a la de los escritores. Por eso, en determinados momentos cuando hablamos de intelectuales, añadimos la cualidad de veracidad a la persona concreta a quien nos referimos, diciendo que es un intelectual “de verdad”, para superar equívocos que nos lleven a incluir en ese grupo a todos los que se cuelan de rondón en él.

¿Y qué decir de los expertos? ¡Madre mía! Si éstos volaran no llegaría la radiación solar a la Tierra. Han proliferado como los procariotas, por bipartición, repartiéndose entre ellos los beneficios de las ondas  hertzianas y la radiación catódica, generando abundante desinformación, que termina normalmente con una manipulación de datos, cifras, hechos, realidades y fechas, que sólo complace a los simpatizantes  homínidos que los escuchan, miran y leen embaucados por su beocia.

Finalmente, están los opinadores. Sí. Detrás de cada español hay un perito en fútbol, economía, urbanismo, educación, medicina, alfombras orientales o punto de cruz, aunque no sepan enhebrar la aguja, ni dar una puntada. Cogiendo el rábano por las hojas y aprovechando que el río está revuelto, aquí todo el mundo quiere ser pescador.

Sin entender muy bien eso de la capacidad humana de opinión, ¡hale!, a opinar. De lo que sea. Basta darse una vuelta por bares, peluquerías, tertulias radiofónicas, blogs, mentideros y verdulerías, para comprobar esto. Todos a opinar, incluso de lo que no saben.

Esta es mi opinión, y la paradoja con que vivo a diario mis contradicciones, en una sociedad infestada de escribidores, pseudointelectuales e inexperientados, que comenzarán a aparecer en listas de listos durante la campaña electoral que se avecina.

REENCUENTRO

REENCUENTRO

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Unos se tumban en divanes de consultas psiquiátricas para  eliminar fobias del subconsciente.  Otros visitan gabinetes psicológicos para aliviar neurosis. No faltan los que pierden el tiempo buscando santeros que les ayuden a superar depresiones. Y los pecadores hacen cola en los confesonarios para limpiar su conciencia y ahuyentar malos pensamientos, aunque algunas veces sean buenos, reconfortantes y placenteros.

Yo, en cambio, cargo las pilas de la esperanza, refuerzo la energía vital y consolido la autoestima, emborrachándome de abrazos una vez al año, como hice ayer en el recinto del colpicio donde compartí la orfandad y la desgracia en mis años de mi juventud.

Amistad robustecida en fraternal encuentro, donde sólo tiene cabida el afecto y la nostalgia de un tiempo pasado que nunca fue mejor, superado por la hermandad sencilla de unos corazones ebrios de compañerismo, estancados por voluntad propia en solidaridad compartida, ajena a toda competencia y subordinación.

Allí estuvimos todos, en uno solo, sin reservas en la entrega, sin dudas en las concesiones, sin ocultar sentimientos, sin precaución en las palabras y sin desconfianza en los gestos. Simplemente emociones, fotos, recuerdos, promesas de permanencia y alguna pupila humedecida en el abrazo de despedida.

Hoy repito, mudo, los nombres, uno a uno, de los compañeros que enturbiaron sus ojos con mi pena y caminaron leguas con mi carga sobre su espalda. Hoy vienen todos a mi recuerdo con una rama de olivo en los labios anunciándome el privilegio de la amistad.

Vuelven todos recordándome las primeras experiencias furtivas, las interminables filas a la puerta de cada hora, la rebeldía balanceándose en el tablón de anuncios, cuando los “partes” no tenían otra función que anunciar el perpetuo amotinamiento de la razón contra las normas, y su derrota. Y los veo apoyados cada noche en la ventana de la esperanza luciendo un puñado de aire libre en la solapa azul.

Algún día explicaré cómo fue posible la resurrección, a pesar del empeño que ponía el recuento en saber exactamente cuántos faltaban en la lista. Pero eso será después, hoy toca bajar el calendario y comenzar a tachar los días que faltan hasta llegar a las 365 cruces necesarias para alcanzar el próximo encuentro.

URBANIGRAFÍA

URBANIGRAFÍA

Tener buenos amigos significa que uno puede caminar por la vida sin mirar para atrás, con cirineos permanentes que te ayudan a llevar la cruz de cada día y a confiar en el futuro. Pero también representan la incondicional ayuda ante la desventura, el consejo previo a cualquier indecisión y la corrección fraternal ante los errores cometidos, por pequeños que éstos sean.

Esto me acaba de ocurrir mí con mi querido Ángel, que afectuosamente me ha prevenido sobre una falta de ortografía que ayer se filtró en la entrada del blog, avisándome de la hache que se me había colado violando mi intención de hacerlo. Por esa hache y las que vengan en el futuro, pido ser condenado a cien latigazos en la plaza pública por mis lectores.

Gracias, Ángel.

Mi despiste y la advertencia de este ángel tutelar, me dan pie a confirmar mi lucha contra las faltas de ortografía, aunque no siempre consiga la victoria.

Toda mi vida he mantenido preocupación constante por cuidar la lengua castellana hasta los más mínimos detalles. Algo que me ha causado algún problema con ciertos alumnos a quienes les costaba entender que el buen manejo de la lengua castellana era más importancia que las octavas de Newlands o los momentos vectoriales.

Por eso no disfruto paseando por las calles: Nenufar, Avila, Rio Jordán, Plaza del Angel, Rua Antigua, Vazquez Coronado, Plaza de Colon. También evito pasar por la puerta de la Diputación y entrar en la Biblioteca Publica Municipal, o tomar cualquiera de las carreteras que conducen a Caceres, Avila, Leon o Bejar.

Lo más penoso es que no podemos contar con la ayuda de nuestra prestigiosa Universidad para remediar tanto desatino, porque a ella tampoco le interesa mucho el tema o parece no interesarle. Tal vez por eso tiene una Secretaria General, una Biblioteca Sta. Maria de los Angeles, una Hospederia de Anaya, un Instituto de Estudios de Iberoamerica, una Catedra F. Sarmiento y otra Catedra Andres Bello, al alcance de los ojos que quieran poner su atención en lo que escriben sobre las paredes universitarias los herederos intelectuales de don Elio Antonio, autor de la primera gramática castellana. Para que se entienda, es algo así como si nuestra Universidad fuera la cuna oficial del estudio académico del castellano. Ya veis.

Si hablamos de las entidades privadas, la cosa no mejora. Por ejemplo, una academia donde los extranjeros pueden venir a aprender español tiene como lema: “Tradicion, y excelencia en servicio”. La entidad financiera más popular de la ciudad pone a disposición de sus clientes un Cajero Automatico en el exterior de su sede central. Y, por si fuera poco, tenemos nuestra Capital Cultural infestada de librerias, carnicerias, artesanias, reposterias, papelerias, panaderias, peluquerias, cafeterias, lencerias, corseterias, y hasta tenemos una Clerecia.

No sé a qué se debe tanto dislate, pero me temo que tiene mucho que ver con la incultura de quienes ocupan los sillones principales, porque tanto despiste a la vez permite aventurar esa segunda verdad.

TERRORISMO

TERRORISMO

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Euskadi Ta Askatasuna ha muerto. ¡Viva la vida!

A partir de hoy podemos hablar de ETA en pretérito, recordando que fue una organización terrorista abertzale independentista que ponía muertos en la mesa de negociación para obtener el objetivos de País Vasco y Libertad, secuestraba y extorsionaba, desde 1958.

Pero nuestra salida del túnel del terror, no debe impedirnos recordar que otros países permanecen en él, soportando la barbarie del terrorismo que sólo pretende matar ciudadanos a traición sin haberles declarado previamente la guerra, para lograr un cambio político, un beneficio económico, una imposición religiosa, una reivindicación social o cualquier otro favor que las leyes ciudadanas o las tradiciones no contemplan.

El terrorismo es una intimidación homicida que sobrecoge el corazón de los vecinos. Violento chantaje a los Estados con almas inocentes. Extremada coacción con escasos beneficios. Y brutal castigo a familiares y amigos, tan inmerecido como injusto.

No pretende el terrorismo otra cosa que extorsionar, es decir, presionar a la negociación poniendo muertos sobre la mesa, para conseguir que el Estado actúe en el sentido que los terroristas determinan, lo que da un definitivo tinte de chantaje a sus actuaciones violentas.

La lucha contra esta dominación por el terror es difícil porque los autores aparentan ser inofensivos ciudadanos normales, muchos de ellos con el nivel de incultura suficiente para creerse llamados por divinas voces al sacrificio con el fin de gozar eternamente de inexistentes paraísos.

El éxito del terrorismo consiste en perseverar con actos violentos, como explica Gabo, el padre de los Buendía. El primer muerto que ponen sobre la mesa, provoca la ira de los ciudadanos contra los asesinos. Con el segundo, se inicia la protesta social contra la incapacidad del Gobierno. Al tercer vecino que rueda por el suelo comienzan algunos a ceder al chantaje para que cese el terror. Y al cuarto muerto que aparece en las portadas de los periódicos, se resquebraja la unidad antiterrorista, para regocijo de los matarifes.

Para evitar que esto suceda, los Estados que sufren terrorismo deberán reforzar sus estructuras, los ciudadanos luchar contra la resignación a la derrota, los dirigentes políticos olvidarse de su partido, las fuerzas y cuerpos de seguridad de todos los países mantenerse atentos las veinticinco horas del día y los líderes religiosos no predicar salvaciones eternas para quienes se llevan con su vida la existencia de los demás .

MILAGRO DE LAS URNAS

MILAGRO DE LAS URNAS

Ser de las personas que preguntan sobre aquello que no debería importarle, me permite integrarme en el grupo de curiosos congénitos, cercanos a determinada patología social todavía por definir.

Mi condición de curioso me lleva curiosear sobre algunas cosas curiosas que suceden a mi alrededor en esta curiosa vida, siendo la política y los políticos una de las curiosidades que más han llamado mi curiosidad.

Es por eso que me resulta curioso contemplar diariamente un milagro no descrito en los evangelios, que va más allá de la transfiguración del Señor en el monte Tabor. Se trata de un milagro social que excita sobremanera mi curiosidad, alentando el deseo de averiguar algo que aparentemente no me concierne, cuando en realidad llega en ocasiones a determinar mi vida y la de todos mis vecinos.

¿Cómo es posible que el milagro de las urnas no haya sido todavía reconocido por las iglesias cristianas, aunque Marcos, Mateo, Lucas y Juan se olvidarán de incluirlo entre los portentos realizados por el Maestro? Es más, ¿por qué la católica Iglesia no santifica a los protagonistas del milagro que voy a referirles?

Resulta, pues, que el amigo Peñarroya, ese que tenemos todos, ¿no lo recordáis? Sí, hombre, el tonto de la clase que nos hizo reír con sus salidas de pata de banco. El que pillaban copiando siempre que lo intentaba. El bufón adolescente de las niñas. El que aprobaba por la insoportable presión que ejercían los padres. Aquel que no era capaz de hacer una O con un canuto. El mismo que no entendía explicación alguna en la Universidad. El que terminó la carrera cuatro años después que todos nosotros. Aquel que no encontró trabajo ni de pastor. Ese.

Pues éste parásito gandul, un buen día recibió la visita del espíritu político en forma de palomo-colega que le dio un codazo en la barra del bar haciéndole flotar sobre la realidad, al tiempo que le proponía caminar por la vida con el carnet de un partido político entre los dientes, un reclinatorio en las manos y el tronco inclinado.

Con estos méritos, el imbécil de Peñarroya acabó en una lista electoral, fue elegido por el «pueblo soberano» y se produjo el gran milagro de la transfiguración política del cuadrúpedo, pasando de ignorante esférico a sabio renacentista.

Se puso corbata, metióse en un traje, engoló la voz, alzó la testuz, comenzó a opinar sobre aquello que ignoraba, impartió consejos, fue admirado, recibió aplausos su torpeza, propuso leyes, multiplicó su patrimonio muy por encima de quienes le tomaban el pelo en la escuela, Instituto y Universidad, recibió honores en palcos de teatros, dio trabajo a toda su familia y, lo que es peor, tuvo un inmerecido poder sobre la vida de los demás.

Finalmente, resolvió eternamente su vida – no su vida eterna – entre el aplauso de la multitud que le vitoreaba por la calle, pasando a la historia de este país como una de los próceres que levantó la patria, cuando lo único que elevó fue su patrimonio y la vergüenza colectiva de quienes sufrieron sus desatinos.

IZQUIERDA VS. DERECHA

IZQUIERDA VS. DERECHA

No comparto la opinión de quienes afirman una conjunción de la izquierda con la derecha, que hace imposible la distinción entre ambas, pero acepto como evidente que algunas de las diferencias nacientes en la Revolución Francesa están hoy por el suelo sin que nadie se atreva a recogerlas.

La izquierda ha jugado al electoralismo – es decir, a los sillones – moderando su discurso para llevar a las urnas votos de la clase media, y la derecha ha expurgado su doctrina para atraer votos del proletariado descontento. Esto es algo que a veces dificulta el entendimiento y nubla la vista, impidiendo ver claro a cada cual en las parcelas  ideológicas donde ambos se confunden.

Ya dijo Marx en 1847 que “mientras en la vida el tendero sabe distinguir entre lo que alguien dice ser y lo que realmente es, nuestra historiografía no ha logrado todavía penetrar en conocimiento tan trivial”.  Es decir, que en la actualidad nos la dan con queso a poco que nos descuidemos, porque una cosa es lo que predican los políticos desde la tribuna en tiempos electorales como este y otra lo que han demostrado hacer, y que repetirán, si la actual rebeldía juvenil  de las pancartas no lo evita.

Tradicionalmente la derecha ha estado asociada a la clase dominante y la izquierda a la dominada, defendiendo la primera privilegios y la segunda igualdades. La derecha ha jugado a la economía liberal y la izquierda al intervencionismo hoy en la cloaca, manteniendo ambas facciones posturas contrarias en cuestiones morales. Por otro lado, la derecha ha guardado siempre en latas de conserva a sus dirigentes e ideas, apostando la izquierda por el cambio de proyectos y personas, aunque la renovación de caras no acabe de llegar nunca a las filas socialistas y hagan lo que tanto criticaron a Martín Villa y sus amigos del SEU.

Con la defensa de libertades individuales en los prontuarios de las dos facciones, el supuesto compromiso democrático de ambas a veces queda en entredicho. Por otro lado, la derecha necesita un bastón para caminar por el sendero de la solidaridad y la izquierda lo hace más disimuladamente con la prótesis que lleva. La igualdad de oportunidades y los criterios de mérito y capacidad no figuran en el ideario conservador, pero la izquierda no los practica. Ambas pregonan defender la vida pero felicitan públicamente a quien ordena matanzas, y envían a sus votantes al matadero con excusas pacifistas.

Luchan ambos grupos, con mayor o menor entusiasmo, contra la pobreza, pero no renuncian a pluriempleos y sueldos millonarios que cobran en las ventanillas donde se hacinan indigentes a protegerse del frío. Unos laicizan el Estado y otros se ponen medallas en las procesiones y dan golpes de pecho en los reclinatorios, pero las obras de ambos contradicen las ostentaciones doctrinales laicas o religiosas que respectivamente sostienen.

Cómplices ambos en pasteleos políticos, protección de corruptos y mentiras oficiales, predican una defensa  del débil, del inmigrante y del maltratado, donde la solidaridad de la izquierda aventaja unos trancos a la derecha, siempre que la renuncia  a intereses propios no llame a la puerta. Y ambos son monárquicos funcionales.

Pero que nadie se alarme porque aún quedan matices sueltos que permiten diferencias las dos partes porque mientras unos quieren privatizar servicios básicos como la sanidad y la enseñanza, los otros apuestan por mantenerlos públicos. Y, tal vez, la izquierda mire más al campo y al mantenimiento de los recursos naturales, evitando la producción arriesgada de energía, la contaminación global y el deterioro ecológico.

Finalmente, una llamada de atención importante como recordatorio de lo que muchos suponen y otros no dudan: la derecha juega siempre a lo que es, pero ¿ocurre lo mismo con la izquierda?

QUIÉN DECÍA…

QUIÉN DECÍA…


Quién decía que ya se veían brotes verdes, si en el desierto laboral apenas queda agua.

Quién decía que la enseñanza era mal negocio, si los centros privados se frotan las manos.

Quien decía que la “telebasura” era mierda concentrada, si muchos se alimenta de ella.

Quién decía que Paquirrín no valía para nada, si ahora trabaja en “Tú sí que vales”.

Quién decía que no eran iguales los políticos, si dicen que entre ellos no hay diferencia.

Quién decía que los no bautizados iban al limbo, si lo han cerrado por falta de clientes.

Quién decía que la verdad llevaba a todas partes, si es la mentira quien abre las puertas

Quién decía que los emigrantes quitaban el pan, si se alimentan con migajas que sobran.

Quién decía que “Cachuli” llevaba altos los pantalones, si ahora arrastra la culera.

Quién decía que los especuladores dejarían de especular, si sobran especulaciones.

Quién decía que la honradez era la mayor riqueza, si se hacen millonarios los corruptos.

Quién decía que “el bigotes” era una entelequia, si un juez ajusta la “correa» a la gaviota.

Quién decía que “la Esteban” era ordinaria, si está de ordinario metida en todas las casas

Quién decía que los parados pararían, si tienen motivos sobrados para no parar.

Quién decía que el Misterio de la Trinidad era un misterio, si no tiene misterio alguno.

Quien decía que la política era el arte de servir al pueblo, si los políticos se sirven de ella.

Quién decía que los sindicatos trabajaban para los currantes, si los liberados no trabajan.

Quién decía que la burbuja de indignados no existía, si está a punto de explotar.

Quién decía que Camps se pagaba los trajes que usaba, si le ha crecido la nariz.

¡Ah!, pero quien decía que España era un país de quijotes en manos de sancho panzas, tenía razón.