Navegando por
Año: 2011

BOTELLONES

BOTELLONES

No me refiero a las botellas grandes, claro. Hablo de la costumbre tomada por los jóvenes de reunirse al aire libre para fomentar relaciones, oír música y charlar de sus cosas, acompañando estas actividades con licores espirituosos envueltos en bebidas carbónicas de diferentes colores y sabores, para reponer los fluidos corporales que pierden con tanto bacalao, hip-hop y reage, mezclado con cantos en honor a la querida patria asturiana, tan socorridos en las fiestas en honor al dios Baco.

También en mi juventud comprábamos bebidas, hacíamos acopio de vinilos para el pick-up y los más ligones trataban de convencer a ciertas féminas para que nos acompañaran a los guateques que organizábamos en casa de fulano o en el local de mengano. Esto nos permitía bailar una conga de jalisco entreverada con twist, yenka y rock and roll, mientras acariciábamos sutilmente la primera cintura, sin dejarnos muchas pesetas en el empeño.

Bien es verdad que también jugábamos a ver quién era más bestia abriéndonos la cabeza a pedrada limpia en aquellas legendarias pedreas, pero nunca incendiamos carros de la basura. Disputábamos los favores femeninos, pero las navajas jamás salieron de la cocina. A la hora acordada se tocaba zafarrancho de limpieza, antes de  marchar a casa con una bola de anís en la boca para ocultar el olor de los Celtas cortos, porque entonces maría sólo era un nombre sagrado imposible de cultivar en las macetas ocupadas por geranios. Eso sí, nos abrían el apetito con una copa de vino quina de diecisiete grados.

Para que se me entienda, el botellón es algo así como un guateque salvaje que se celebra en la calle durante toda la noche, sin orden ni concierto, al que puede añadirse cualquiera sin previo aviso. Comprenderéis entonces que si se cuelan descerebrados “cojos manteca” en la fiesta sin previo aviso, las consecuencias pueden ser muy negativas para vecinos, asistentes y policías, porque estos vándalos han sustituido su masa cerebral por virutas de alcornoque apelmazadas con etanol y sólo responden a garrotes, barrotes, bozales y grilletes.

No obstante, debe hacernos pensar esta rebeldía colectiva de los jóvenes contra el abuso económico y los “garrafones” de los bares de copas, y sobre su determinación para boicotearlos solidariamente. Si el resto de ciudadanos fuéramos capaces de coordinarnos para tomar medidas similares en otros órdenes, los empleados de las oficinas del consumidor pasarían a engrosar la lista del paro. Y, como dice un amigo mío, el gremio de la hostialería pondría algo más de sentido común en los precios.

El resultado del botellón, cuya finalidad parece tan encomiable, tiene poco que ver con la realidad, por diversas causas. Sí, veréis. Las ciudades no disponen de recintos capaces de albergar en condiciones dignas los cientos de chicos que se reúnen en torno a un vaso etílico de plástico. A esto se añade una personalidad inmadura que les impide controlar sus acciones porque en el grupo se diluyen las razonables opiniones personales que mantienen aisladamente cada uno de sus miembros por separado.

El botellón permite al joven salir del ámbito gobernado por los adultos; tomar un territorio; y afianzarse en el grupo. Además, beber es un rito iniciático para el joven, pero su inmadurez le lleva a un consumo neurótico de alcohol, bien para desinhibirse y mejorar su relación con el sexo opuesto o por presión del grupo. ¿Solución? Puedo decir que no confío en fórmulas represivas, aunque mantengo que los actos vandálicos no pueden salirle gratis a los salvajes. Creo más en el compromiso de las familias. Se ha pasado de una educación doméstica autoritaria a la permisividad sin límites, blindando a los jóvenes con derechos sin mencionarles sus obligaciones, desequilibrando el discurso democrático sin medir bien las consecuencias de tal exceso.

PROTESTAS EN MI JUVENTUD

PROTESTAS EN MI JUVENTUD

Con motivo de la entrada que inserté en este blog sobre los “indignados”, donde aludía a las protestas que hacíamos los jóvenes en mi juventud, me ha preguntado un internauta sobre nuestras quejas juveniles, y voy a responderle salvando la gran protesta de la minoría que gritaba contra la dictadura, apoyada por el silencio precavido de una mayoría absoluta.

Esto pudo verse tras la muerte del dictador, con el grito mudo que soltamos los españoles al conseguirse la cuadratura del círculo con el suicidio de los “cuarenta de Ayete”, propiciado por la Ley de Reforma Política, que obligó al harakiri al Consejo Nacional del Movimiento tras declarar que dicha reforma  ¡estaba inserta en el proceso político iniciado el 18 de julio!

La falta de libertades, el abuso de poder, la disciplina militar académica, la desmedida influencia de la iglesia católica, los castigos escolares, la tergiversación de la historia, el oracionario permanente, la manipulación informativa y el lavado de cerebro con el espíritu nacional, fueron objeto de nuestra tímida protesta, sin éxito alguno porque la fuerza era desproporcionada y la represión franquista inclemente y sin redención.

Pero con desconfiada firmeza protestábamos por los rincones de las Facultades y ciertas parroquias contra cosas menores, – pero no sin importancia -, comparadas con las anteriormente citadas. Entre las cuestiones ajenas al gran objetivo común de retomar la democracia de la papelera donde fue arrojada el verano de 1936, protestábamos por:

  1. El conservadurismo ideológico de los padres y la rigidez doméstica
  2. La falta de comprensión de los adultos hacia los problemas juveniles
  3. El entusiasmo militar y la exaltación de los movimientos bélicos
  4. La instrumentalización de la voluntad y limitación de futuro
  5. El trato paternalista y la falta de respeto a las opciones personales
  6. La asfixia social generada por ilimitadas prohibiciones
  7. El materialismo disfrazado con moralina religiosa
  8. La ausencia de diversiones y organizaciones que no fueran juveniles y españolas
  9. El cinismo dominante en los dirigentes políticos y sociales
  10. La cultura enajenante y alienante de un Estado enajenado
  11. El castigo físico y psicológico en el centro escolar y la familia
  12. La fuerte represión religiosa y la obsesión por el sexto mandamiento
  13. El acoso permanente de los “grises” y los abusos impunes de la policía
  14. La obligación cotidiana de tener que estar a las diez de la noche en casa
  15. El miedo a comprar preservativos en la farmacia
  16. La burocracia, el “papeleo” y los clericales certificados de buena conducta
  17. El autoritario y abusivo respeto exigido por padres, profesores y adultos
  18. La guerra helada, fría, templada y caliente exterior, y la silenciosa interior
  19. El dedo que condenaba el sexo y la mano que tapaba los besos en las películas
  20. Las dificultades para salir al exterior y leer “libros prohibidos”

Estas son veinte protestas de mi juventud, entre las miles que circulaban de boca en boca con sordina. Digo esto porque protestar, lo que se dice protestar, no era posible hacerlo en un país con férrea censura periodística, disolución de reuniones con más de tres personas, frecuentes Estados de Excepción, prohibición de manifestaciones y condenas del Tribunal de Orden Público a quien se quitara el esparadrapo de la boca.

Invito a los que compartieron tan casposos años conmigo a participar en esta entrada, añadiendo otros argumentos merecedores de nuestra protesta en aquella época.

DEMOCRACIA A LA ESPAÑOLA

DEMOCRACIA A LA ESPAÑOLA

347views

Comenzaron los griegos a utilizar la palabra democracia en el siglo V a. de C., – uniendo los términos  demos (pueblo) y krátos (poder, gobierno) -, para expresar el gobierno del pueblo. Significado que fue cambiando con el tiempo, hasta llegar a las actuales democracias que nada tienen que ver con la originaria ateniense, fundada en una democracia pura y dura, llamada “directa”, que los indignados apellidan “real”. En ella, el pueblo soberano toma las decisiones de gestión en asamblea, sin utilizar intermediarios que ejerzan el poder en su nombre.

Este modelo ha sido históricamente defendido por ciertos políticos y pensadores, como el ginebrino ilustrado Rousseau, que apostó decididamente por la soberanía del pueblo en “El contrato social”, llegando a afirmar que el hombre nacía libre, pero vivía encadenado. También se han sumado a la democracia directa el anarquismo y un tímido sector de la izquierda convencional.

En contra de esto, las democracias modernas han optado por la representatividad, significando formalmente que el pueblo elige sus representantes para que éstos tomen decisiones en bien de los representados, lo cual ha derivado en España en un gobierno absoluto de los partidos políticos. Son ellos quienes escogen los candidatos que pueden representar al pueblo, y una vez elegidos ejercen el poder sin tener en cuenta los deseos ciudadanos, aunque sean sobradamente conocidos por ellos, cerrando las puertas a consoladores plebiscitos, negando referendos, excluyendo iniciativas ciudadanas y suprimiendo destituciones populares que permitan a los votantes enviar a su casa a los mudos, corruptos, pesebreros y aduladores.

Esto explica que una gran parte del pueblo esté reclamando una verdadera democracia por mucho que algunos políticos y periodistas se hayan molestado con el apellido “real” que los indignados han añadido a la democracia que demandan, por considerar que ésta es única y no necesita adjetivos que la definan. Pero están en un error porque nuestra democracia no permite la intervención del pueblo en el gobierno.

El fraudulenta democracia española autoriza a demandar realismo en esa forma de gobierno donde ha de predominar la voluntad ciudadana, algo que en este país nuestro no ocurre porque gran parte de los políticos se oponen a ello, acusando una fingida sordera que les impide enterarse de la voluntad popular.

¿Alguien duda que los ciudadanos exigen la exclusión de los polítiqueros que los partidos mantienen en sus filas? ¿Se puede dudar que la presencia en escaños de procesados políticos repugna a la población? ¿Existe un solo político que cuestione el deseo ciudadano de que los jueces y fiscales sean verdaderamente independientes y “ciegos” en sus veredictos? ¿Algún político niega que los responsables de la brutal crisis no la padecen, y que la están sufriendo los inocentes de la tragedia? ¿Quién duda que el pueblo daría su brazo por ver erradicada la corrupción en la gestión pública? ¿Hay en el Gobierno o en el Parlamento alguien que desmienta el deseo ciudadano de modificar la ley  electoral y acabar con la partitocracia que hurta a los ciudadanos la posibilidad de elegir nominalmente a sus representantes? ¿Se está cumpliendo la Constitución en aspectos tan fundamentales como la igualdad de oportunidades profesionales, laborales, judiciales y sociales; el respeto al honor y la intimidad; la protección de la infancia y juventud; el derecho a la educación, vivienda digna y adecuada, sanidad y trabajo?

Tal vez las respuestas a estos interrogantes dieron razones a Borges para decir que la democracia era un exceso de la estadística, recibiendo críticas de quienes negaban la farsa de un modelo ingresado en la UCI, donde permanece. También el Nobel Saramago criticaba la democracia decadente, ineficaz y decepcionante que en este artículo se denuncia, cuestionándola en un lúcido ensayo.

 No existe democracia si la moral pública institucional no es el máximo valor que la sustenta, el mascarón de proa de la nave del Estado; la quilla profunda que evita el naufragio. Sin ética, la democracia se convierte en el arte del embaucamiento y  engaño; la aproximación a la “ambigüedad constructiva” citada por Petra Kelly; el fraude de la  persuasión para hacer posible lo inadmisible; una trampa para captar ingenuos;  el engaño como oficio; la impunidad de la inmoralidad; y el alimento que necesitan los salvadores de la patria para enlodarnos en la miseria.

Representar al pueblo es cumplir su voluntad, satisfacer sus expectativas, abrir cauces de participación, ponerse al servicio de los ciudadanos, alentar el progreso, impulsar la justicia social, defender causas nobles y fomentar virtudes deseables en la sociedad, como son la honradez, la verdad, el respeto y la dignidad.

Los ciudadanos no debemos formar parte de un juego en que todo se justifica diciendo que se hace la única política posible porque, como decía Aranguren, estamos obligados a imaginar un mundo mejor, soñar con la utopía y a pedir lo imposible, sin poner almíbar en las decisiones erróneas ni aceptar justificaciones de lo injustificable.

En estos momentos, la historia brinda a los decepcionados la oportunidad de alistarse al colectivo de demócratas anónimos y apadrinar los partidos antipartidos que no están registrados, para formar entre todos una organización ciudadana que haga verdaderamente real la democracia en España que todos deseamos.

 

ES HORA DE PARTIR, SEÑOR RODRÍGUEZ

ES HORA DE PARTIR, SEÑOR RODRÍGUEZ

El injusto y machacón “váyase señor González” que Aznar repitió sin ton ni son en todo lugar cada tres segundos, fue inspirado por un condenado en el madrileño juzgado nº 8 de lo penal, por delito continuado de injuria grave contra el coordinador de Urgencias del Hospital Severo Ochoa de Leganés Luis Montes, a quien se hartó de llamarle nazi en diversos medios.

Los roldanes, veras, rubios y gales, hicieron posible que el dichoso sonsonete tuviera éxito y Felipe se convirtió infelizmente en el florero más valioso de la moderna historia de España, y el mayor despilfarro político que pudiera imaginarse, aparcando en conferencias una cabeza política de la talla estadista de Isidoro.

Lamento decir que hoy no calificaría de injusta esa cantinela si el candidato gallego diera nueva vida a un similar soniquete aplicando el mismo imperativo al señor Rodríguez, porque la situación lo demanda y el deterioro de la imagen presidencial, lo exige.

Afortunadamente, el presidente se ha anticipado al sonsonete, decidiendo ayer anticipar su salida del palacete de la N-VI por voluntad de quienes le han empujado hasta la puerta de salida sin cumplir el plazo previsto por la ley, dejando sillón, escaño, teléfono, guardaespaldas y tarjetas en la papelera de su despacho.

Finalmente, el grupo que lo mantenía en estado agónico al frente del gobierno le ha convencido para que se vaya cuanto antes con Sonsoles y a las niñas a su casa, a la espera del juicio que la historia haga de su mandato, porque hoy es prematuro aventurar un juicio
objetivo, aunque pueda suponerse que su acción de gobierno no ha sido tan positiva como aplauden sus incondicionales, ni tan nefasta como proclaman los detractores. Seguro que el presidente “en funciones” se llevará los buenos recuerdos de su gestión, dejando los errores debajo de las alfombras, sabiendo que ya encargarán los enemigos de meterlos en su florero un día sí y otro también.

Se llevará el señor Rodríguez, la alegría de las tropas regresando de Irak y la esperanza en su Alianza de Civilizaciones. Recibirá el saludo de los matrimonios homosexuales que se crucen con él por la calle. Será bien recibido en las casas de ciudadanos beneficiados por la ley de autonomía personal y atención a las personas en situación de dependencia. Se consolará en las noches tristes con la ley para la igualdad efectiva entre mujeres y hombres. Presumirá ante los amigos de la creación de los Juzgados de Violencia sobre la Mujer. Vigilara, escoltado por los nuevos españoles huidos de la hambruna, la correcta regularización de inmigrantes. Y sentirá orgullo por el esfuerzo realizado para que los terroristas de ETA guardaran sus armas en el zulo de la paz.

Pero hace bien en apartarse del camino porque ya se estaba convirtiéndose en la piedra más incómoda para el candidato. Por su propio bienestar y por el bien del partido, hace bien en irse anticipadamente antes de que fuera demasiado tarde, aunque se lleve en el corazón la pena de haberle dado al Partido Popular la disculpa para someternos a un ajuste tan brutal que será recordado durante varias generaciones.

Nos queda por saber las razones le han llevado al señor Rodríguez a convocar las elecciones anticipadas el ¡ 20 de noviembre !

SOMALIA, NUESTRA VERGÜENZA

SOMALIA, NUESTRA VERGÜENZA

371views

Viendo en la televisión las imágenes de la hambruna en Somalia se me ha descompuesto el alma, encogido el corazón y acrecentado la incredulidad, porque mi entendimiento no puede aceptar el Dios todopoderoso y creador  que me presentaron en la infancia, mientras la fatalidad de la cuna determine la vida humana de forma tan contundente.

Juan Arias no podía creer en un Dios complaciente con los ricos a cuya puerta yace el hambre y la miseria, ni yo tampoco. Y rechazo con Cifermann el Dios que hace la vista gorda a injustas distribuciones de riqueza, que llevan a criaturas inocentes a la muerte por inanición, mientras otros desperdician la redención de estas muertes.

“Más cornadas da el hambre” comentaba un famoso torero para explicar su desprecio a la vida ante el toro, pero la cornada que el hambre ha dado al cuerno de África llevándose por delante a millones de personas de un lado para otro en un éxodo vergonzante para el primer mundo, supera toda consideración.

No es la sequía de dos años sin lluvias la consecuencia del exterminio, sino el olvido y la falta de alimentos la causa de las moscas que devoran el rostro de los niños en Somalia, Kenia, Yibuti, Uganda y Etiopía, ante la indiferencia de los dueños del mundo que alimentan a sus perros con filetes de ternera y agua envasada en recipientes esterilizados, mientras discuten la calidad del chocolate.

Morir de hambre en un mundo donde hay alimentos para todos une a la crueldad de la muerte por inanición, el insulto de la deshumanizada raza humana que contempla impasible el rosario de cadáveres en las cunetas y el acecho del buitre al niño moribundo.

Debo confesar que esta situación de hambruna me indigna más que la denunciada por nuestros “indignados”,  porque la muerte de miles de niños por carecer de un mendrugo de pan que llevarse a la boca, silencia toda reivindicación.

Caravanas de ancianos que no pueden dar un paso, mujeres sin fuerzas para incorporarse, adultos desnutridos y niños famélicos, caminan desperdigados decenas de kilómetros rumbo a la muerte, entre pestilentes animales muertos, sin los cuales se encoge aún más su futuro, porque las cabras, burros y camellos son necesarios para sobrevivir.

En el campo de refugiados de Dadaab, se hacinan 400.000 hambrientos, en la región de Turkana el índice de desnutrición alcanza el 50 % y en Somalia no pueden contabilizarse los muertos, donde cuatro millones de personas necesitan ayuda urgente paz, en un país sin ley atormentado por una guerra incivil.

Y mientras esto ocurre en el sur, en el norte sufrimos enfermedades por sobrepeso y la FAO denuncia que 1,3 billones de toneladas de comida acaban cada año en los vertederos.

CIELO QUE ESTÁS ENTRE NOSOTROS E INFIERNO QUE HABITAMOS

CIELO QUE ESTÁS ENTRE NOSOTROS E INFIERNO QUE HABITAMOS

Supongo que Lucas tendría sus razones para anunciarnos el reino de Dios entre nosotros y que León Tolstoi escribió su gran obra pacifista con ese título para convencernos que la Iglesia y el Estado eran dos instituciones anticristianas.

Estos golpes de fe me llevan a descubrir el cielo terrenal – único cielo – en toda donación de amor generosa y desinteresada; en el rumor de la hierba que crece en el berciano valle del Burbia; en las manos entrelazadas de los enamorados; en la gota de lluvia que resbala sobre el pétalo de una flor silvestre; en el grano trigo que da vida a la espiga desde en el fondo de la tierra; en el ave que planea al amanecer sobre el altiplano; en la agitación del primer beso de amor adolescente; en la respuesta del capullo de amapola que nos anticipa si será fraile o monja en primavera; en el niño que interroga sobre el origen de la vida; en la caricia del aire al atardecer viendo la luz agotarse en el crepúsculo; en la sabiduría y sosegada mirada del anciano; en la espuma que agita las torrenteras; en el manso copo de nieve que blanquea los tejados; en el verso que abriga la soledad; en la paz inquieta del espíritu rebelde a la injusticia; en la sobremesa de una fraternal comida; en el velero que saluda dejando su estela rubricada; en la humildad de pedir indulgencia por errores cometidos; en el olor a tierra húmeda tras la tormenta; en la generosidad y entrega de agnósticos y ateos a las causas ajenas; en la contemplación de la obra de Leonardo; en la solidaridad que arriesga su bienestar; en el golpe de fortuna cuando la suerte redime la pobreza; en la lluvia que cae sobre el coche de los amantes que contemplan el mar desde un acantilado; en la vela que ilumina tímidamente la estancia donde las notas de un adagio conmueven el alma; en la fruta refrescante compartida un cálido día de verano; en el sol que rebota en las fachadas encaladas; y, sobre todo, se muestra el cielo en la felicidad  de quienes ocupan su tiempo en hacer felices a los demás.

No está el infierno en el infierno, que no existe. Se encuentra usurpando espacios cotidianos, porque el averno se ha hecho carne y habita entre nosotros, sin haber solicitado permiso ni tener licencia autorizada para ejercer un dominio que se expande sin aparente redención.

Encontramos el infierno en la mirada famélica del niño comida por las moscas; en la barbarie de guerras declaradas o encubiertas bajo el manto de un pacifismo inexistente; en el cinismo institucional, la mentira reglada y el engaño como oficio;  en la trágica mueca del drogadicto muerto por sobredosis; en las manos encallecidas de explotación laboral infantil; en los especuladores capaces de quitarle un caramelo al huérfano; en el llanto desconsolado de la viuda de guerra; en el alma negra de los politiqueros; en la decepción de una amistad traicionada; en el quebrado espíritu de ladrilleros que se enriquecen arruinando a los demás; en la falsa justicia al servicio del poder y la riqueza; en la resignación de enfermo que muere esperando la operación que no llega nunca; en el dolor de las víctimas terroristas; en la malicia del periodismo sectario que a todos envilece; en el desprecio de la meretriz embarazada que vende sexo en la calzada; en la basura que destilan las pantallas televisivas; en la soledad del anciano que finge el olvido; en la ruina humana de abandonadas jeringuillas rotas por suelos de marginación; en el nauseabundo olor de la corrupción; en el olor a tierra quemada por depredadores ecológicos; en el arrepentimiento del parapléjico por exceso de velocidad;  en el desengaño de un fracaso amoroso; en el silencio de una pareja que sobremuere con el amor perdido; y, sobre todo, está el infierno en la falta de cultura, origen de muchos dolores que padecemos.

Cielo e infierno no son ultraterrenos. Están acompañándonos en este mundo. Caminan a nuestro lado, conviven con nosotros y con nosotros se entrelazan, aunque tratemos de evitarlo y no queramos darnos por enterados.

LOS «INDIGNADOS» NO PUEDEN SER LA GRAN PANCARTA DEMOCRÁTICA

LOS «INDIGNADOS» NO PUEDEN SER LA GRAN PANCARTA DEMOCRÁTICA

Tras peregrinar de pueblo en pueblo durante un mes, los “indignados” llegaron el sábado a la Puerta de la Sombra situada en el kilómetro cero de la meca política del reino, para dar un grito mudo en la noche que se ha oído en Eta Carinae. Y han acampado bajo plásticos multicolores, convertidos – por obra y gracia de políticos, periodistas y privilegiados ciudadanos -, en la mayor pancarta de la historia democrática española.

Así es, para desgracia de todos nosotros, porque los hechos parecen confirmar que tan deseado movimiento popular no pasará de ser una formidable pancarta que esta democracia nuestra pone en manos de los ciudadanos para que griten, con la intención de que nada cambie y todo permanezca en el lugar que han deseado los de siempre, dándole la razón al chileno Jorge Díaz que anticipó en 1970 lo que ahora está sucediendo. Una pena.

Tal situación obliga a reflexionar sobre lo que no se quiere pensar ni decir, para evitar que los amantes de las cruces totalitarias encuentren pretextos que sólo existen en sus mentes y comiencen a manipular el pensamiento colectivo con vaticinios de catástrofe patrocinadores de abominables salvadores de la patria, pero la realidad es que esta irreal y falsa democracia no gusta a los demócratas de pata negra.

Las críticas, desprecios, abandonos y olvidos de quienes tendrían que elogiar, apreciar, acompañar y recordar las peticiones de los millones de indignados desperdigados por los rincones de la piel de toro y más allá de las fronteras peninsulares, obliga a pensar en que se autorizan acampadas urbanas y protestas de los “indignados” para que éstos suelten toda la adrenalina que tienen acumulada y no se embarquen en aventuras de mayor calado que podrían afectar a quienes la crisis no ha rozado ni manchado.

Los ciudadanos escépticos con el movimiento 15-M sonrieron al ver que las urnas les dieron la razón siete días después; los periodistas críticos con los “indignados” se autofelicitaron al ver cumplidos sus vaticinios el 22 de marzo; y los políticos que se negaron aceptar el apellido “real” que los indignados pusieron a la democracia que demandaban, se frotaron las manos y eliminaron sus propuestas de futuros programas electorales.

Para silenciar a todos los que ven folclorismo en este movimiento de dolor y frustración, propongo a los “indignados” movilizaciones ciudadanas más comprometidas que pongan a los detractores contra la pared y sirvan de termómetro social al propio movimiento. Podrían comenzar, por ejemplo, convocando una huelga general, porque de los sindicatos ya no se esperan grandes cosas, pues los miles de ¿sindicalistas? que ocupan despachos en las sedes están bien abrigados al calor de las liberaciones.

Organizaros bien, “indignados”, para evitar que los escépticos denuncien el desorden; elegid bien vuestros líderes y representantes para coordinar adecuadamente los esfuerzos; blindaros contra las críticas y ataques que van a llegaros de los partidos que pretenderán fichar a vuestros dirigentes y descalificaros porque les restáis protagonismo; apretad los dientes y resistir porque millones de ciudadanos confían en vosotros; estad vigilantes y expulsad del movimiento a los herejes e intrusos que pretendan corromperlo desde dentro; demostrad al mundo que no sois botelloneros, ni gamberros sin oficio, ni provocadores, ni desalmados, sino jóvenes comprometidos con vuestro futuro y el de nuestros nietos, que lucháis por una sociedad más justa e igualitaria donde todos tendrían cabida si la tarta se repartiera más equitativamente; y tened fe en el éxito porque somos muchos los que os estamos aplaudiendo en silencio, con las fuerzas algo gastadas de haber luchado sin éxito por los mismos ideales que vosotros defendéis ahora.

Pertenezco a la generación del cambio, que hizo posible la transformación de la dictadura en estado democrático de derecho, pero mucho ha cambiado desde los primeros pasos y esta no es la democracia que soñábamos ni la sociedad que pretendíamos. El sarampión va en aumento y sois vosotros, los “indignados”, la única vacuna que puede erradicar la epidemia de corrupción, gandulería, especulación, abusos, mediocridad, explotación y politiquería, que nos invade.

 Gracias, al menos, por el intento.