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Año: 2011

KARLOVY VARY

KARLOVY VARY

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Escondida entre los frondosos bosques de Bohemia, donde confluyen los ríos Eger y Teplá, descansa la ciudad balneario más lujosa que imaginarse pueda, fundada, sostenida y bautizada por el gran Carlos IV en 1370 con el nombre de Karlovi (Carlos), Vary (baños termales).

En el hotel Pupp de la villa tiene reservada habitación central, con balcones enrejados en el segundo piso, el presidente de la República checa, donde acude a recuperar fuerzas siempre que sus ocupaciones le permiten retirarse a este privilegiado rincón del país que gobierna.

En sábanas perfumadas con esencias aromáticas y lujosas estancias de residencias laterales, abandonan sus preocupaciones los multimillonarios rusos que van a “tomar las aguas termales”, servidas en caprichosas jarritas de caolín, sorbo a sorbo y sin desmayo. Eso sí, evitando que los 65º C con que los manantiales suministran el líquido milagroso, no les produzcan llagas en la boca.

Prohibido está durante el tratamiento que prescriben los “médicos de aguas”, el uso de teléfonos móviles, ordenadores y todo aquello que impida el alejamiento de los “pacientes” de sus “preocupaciones” diarias.

Bebieron con frecuencia de sus aguas personajes como Beethoven, Mozart, Bach, Dvorak, Marx y, sobre todos ellos, Goethe quien paseó muchas veces sus sesenta años por las calles de Karlovy al enamorarse de una chiquilla ante la oposición de los padres de la fémina, contentándose el poeta con sentarse en un banco frente al balcón de la joven amada para verla los escasos segundos que ella se asomaba furtivamente al balcón.

Allí alternan los visitantes el licor de hierba Becherovka con la popular agua mineral Karlovarská kyselka, que les ayudan a digerir sin náuseas el preciado elixir procedente de las entrañas de la tierra.

Estoy obligado a confesar que apenas mojé los labios con el agua termal de sus manantiales porque su temperatura y sabor no están hechos para un paladar tan delicado como el mío, dispuesto a protestar cuando las pupilas gustativas detectan sabores alejados de mis nutrientes habituales.

Pero sí, pude ver a los visitantes beber por la calle en jarras especiales el néctar que a mí paladar resultó detestable.

OTOÑO EN PRAGA

OTOÑO EN PRAGA

Es el sol que el verano ha negado a la ciudad, la luz del otoño renacido tras la incesante lluvia estival. Y la rebeldía de los verdores tardíos desplegados entre maizales, el reencuentro de los turistas del sur con las ennegrecidas fachadas, recuerdo de lejana sequía de libertades tras un largo telón metálico, pespunteado con hoces a martillazo limpio.

No hay en el otoño 2011 recuerdo alguno en los praguenses de aquella lejana primavera, hermana del mayo francés de 1968. Para los jóvenes, apenas quedan del abuso unos renglones en los libros de texto como fecha histórica aislada. Y para los adultos, que sintieron el pisotón en su libertad de los tanques rusos, el olvido de lo que fue y la condena unánime de lo que nunca debió suceder.

En este otoño les queda a los praguenses como penoso recuerdo las señales de altura que el desbordamiento del Moldava hizo sobre las paredes de las fachadas en agosto de 2002, cuando decidió sublevarse al cauce que cercenaba su libertad, encajonándolo entre muros y obligándole a pasar bajo los 16 arcos beatíficos del puente ordenado construir en 1357 por el venerado Carlos IV, hermoso donde los haya, si el exceso de turistas no rompiera su belleza, asombrando el gentío a las 30 estatuas que soportan con resignación el acoso permanente de las cámaras fotográficas.

Las cruces católicas en infinitas iglesias veneradas por el 20 % de sus habitantes, no inquietan al 60 % de ateos que pasan indiferentes por sus puertas, bordeando la judería donde reposan escalonados los restos de judíos que emigraron desde Moscovia expulsados por  los Vendos. Llegaron errantes a Bohemia  en el año 850 con la Tora en la mano y los enseres al hombro, a postrarse ante el duque Hostivít, que les permitió levantar sus cabañas en la margen izquierda del omnipresente río Moldava, permitiéndole a Borges escribir su maravilloso Golem.

La decoración y estilo de sus fachadas otorga a las calles una quebrada ondulación complaciente, sin premeditación alguna ni aviso previo, acompañando un movimiento arquitectónico que condena perpetuamente al éxtasis a quienes las contemplan los edificios desde el ojo digitalizado de la pantalla.

Condensa Praga en este otoño, el prematuro advenimiento de la nieve en tibios atardeceres y refrescantes mañanas, obligando a los madrugadores visitantes a rodear el fuego de leña que envuelve la plaza más buscada, donde los perniles de cerdo asados giran incesantes esperando la demanda  de los que aguardan la salida de los apóstoles por los ventanucos del reloj.

Sobre los adoquines de la plaza queda la inseguridad fomentada por los “catedráticos del hurto”, que nos decía Marcos; el recuerdo del último bombardeo de los aliados perfilando la fachada; Kafka concluyendo El Proceso en su escritorio; Einstein saludando a los curiosos; la antipatía de los camareros, la sopa, el gulash y las patatas hervidas.

Pero también queda la nostalgia de un retorno inevitable porque no será posible vivir otros veintiséis años más para volver a Praga, recordando la primavera de 1984 cuando tuve que pasar dos controles en la frontera y me cambiaron todos los francos suizos que llevaba por billetes falsos apartados del curso legal.

PABLO EN EL CORAZÓN

PABLO EN EL CORAZÓN

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Hace treinta y ocho años nos dejaba el alma seca de dolor y frustración la prematura muerte del poeta del amor. Con él partió la voz liberadora de esclavitud y se extinguió el compromiso social de los versos. Fue Pablo defensor de la libertad, amante de la vida y redentor de la justicia, quien vio saqueada su casa, esquilmado el futuro y aniquilada su patria, tras el pinochetazo que tuvo lugar un aciago 11 de septiembre de 1973.

Horas antes de abandonarse al sueño eterno dijo a quienes le rodeaban: “Tenéis que tratar de sobrevivir a este temporal, que puede ser largo. Evitad ser detenidos, porque si os capturan vais a ser torturados, y en ese caso tendréis que hablar, porque si no os sacarán los ojos”. Y quienes oyeron esto, quedaron ciegos días después.

Tan largo asedio a las libertades del pueblo chileno duró diecisiete años sin reposo para los verdugos y matarifes. Años de persecuciones, asesinatos y brutal represión a los ciudadanos leales al régimen democrático de Salvador Allende, que había nombrado días antes al traidor Augusto Pinochet, Comandante en jefe del Ejército chileno.

Siete días después del golpe de Estado, Pablo Neruda viajó ya enfermo a Isla Negra con Matilde, para celebrar allí la independencia chilena de España, con unas sencillas empanadas compradas sobre la marcha, al tiempo que renunciaba al refugio político y al avión que el presidente de México, Echeverría, les ofreció a él y a su compañera.

Fue Matilde quien pidió de madrugada que trasladaran a Pablo a Santiago, recorriendo el premio Nobel los 120 kilómetros en una ambulancia, hasta llegar al hospital tras pasar varios controles militares para comprobar si debajo de la camilla se escondía algún fugitivo a exterminar, mientras el poeta lloraba por Chile en cada registro.

Consumido por el dolor de la patria, no por la enfermedad, Matilde le oyó susurrar varias veces: “Los están fusilando”, recostado en la cama del hospital, cuando rebotaban en las paredes los ecos de los disparos que llegaban nítidamente a la oscura habitación.

Casi sin aliento para quejarse, supo que a Víctor Jara le habían roto las manos y metido 44 balas en el cuerpo, así como el  salvaje saqueo de sus casas de Santiago y Valparaíso, llenas de recuerdos que enjugaron sus ojos.

No fue el cáncer, lento y controlado, la causa de su muerte el 23 de septiembre, sino la insoportable barbarie y enloquecida sinrazón, quienes ahogaron el alma del poeta.

Se veló el cadáver en su casa destrozada de Santiago, y a su funeral asistieron miles de temerosos chilenos, venciendo el miedo y la hostigante vigilancia militar, en la primera manifestación pública contra la dictadura que les había arrebatado la libertad.

BURBUJAS EXPLOSIVAS

BURBUJAS EXPLOSIVAS

Siempre hemos oído decir que los experimentos deben hacerse con gaseosa, sabiendo que las inofensivas burbujas de dióxido de carbono no hacen daño alguno y sus explosiones se reducen al pequeño susto que se lleva el que abre la botella donde están comprimidas, después de ser agitado el recipiente por el gracioso de turno.

Pero hay otras burbujas altamente peligrosas que dan lugar a graves explosiones sociales cuando son agitadas con voracidad por especuladores, promovidas sin escrúpulos por banqueros y toleradas cínicamente por políticos.

Una de estas burbujas ya ha explotado hace tres años y los cascotes y ladrillos provocados con la deflagración han llegado a la constelación de Andrómeda, dejando a la intemperie a millones de terrícolas desfavorecidos, mientras los que descorcharon el bidón siguen paseándose por alfombras, ocupando poltronas y aumentando sus cuentas corrientes con la miseria de quienes han perdido todo menos la indignación.

Y es ésta, la indignación, quien aglutina a millones de indignados formando una segunda burbuja más peligrosa que la primera, vaticinándose su explosión mundial antes de un año, por mucho que determinados líderes políticos y creadores de opinión en medios integristas, traten de pincharla antes de que crezca más, conscientes que la explosión que se avecina les va a afectar de lleno, porque cuando alguien lo ha perdido todo ya no tiene nada que perder y el miedo desaparece de sus vida.

Pero está creciendo entre nosotros una tercera burbuja sin que los causantes de la misma se percaten de las consecuencia que les espera y siguen soplándola con un ardor guerrero que para sí quisieran los militares que se están jugando la vida en Afganistán.

Me refiero a la burbuja mediática de la que forman parte privilegiada las televisiones autonómicas, con un agujero de 1.600 millones de euros, destacando entre ellas la televisión popular de la Comunidad Valenciana con un 67 % de esta deuda.

Amigos de este blog, permitidme denunciar la falta de sentido común en nuestros políticos autorizando en Cataluña 92 licencias de televisiones locales y en Andalucía 233.

A semejante insensatez se añaden las toneladas de papel inservible puesto a la venta por las rotativas periodísticas que aumentan irresponsablemente la burbuja mediática hipertrofiando de forma incontrolable en número de periódicos que llegan a los kioscos, alcanzando la cifra de 130 cabeceras, cuando en Francia no llegan a 90, a pesar de superarnos en casi 20 millones de habitantes.

Tal situación provocará la inminente explosión de la burbuja con sus inevitables consecuencias para miles de familias que ahora viven dentro de ella. El que avisa, no es traidor.

ORDEN Y CONTRAORDEN: ¿…….?

ORDEN Y CONTRAORDEN: ¿…….?

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Entre los interrogantes que aparecen en el título de este artículo sólo cabe una palabra: desorden. Es decir, caos, desconcierto, parálisis y confusión. Ese estado de ánimo acompaña a los subordinados siempre que un jefe se dice y luego se  desdice de lo que ha dicho; o afirma algo y poco después lo contrario; es decir, da una orden  y luego la opuesta.

Esta desorientación la sufrí en carne propia hace muchos años, unido a la bronca que me llevé del capitán de la batería, cuando estaba haciendo las  prácticas de milicias en Palma, al ocurrírseme dar una orden a los artilleros por la tarde y a la mañana siguiente pedirles que olvidaran lo mandado el día anterior.

“Orden y contraorden, ¡desorden!”,  me gritó furioso el capitán Rosell, al comprobar que unos soldados habían cumplido el primer mandato y otros el segundo. Lógico resultado a mi torpeza.

La enseñanza fue clara: me prometí no volver a cometer más veces en mi vida semejante error, consciente que tal situación puede generar brotes de esquizofrenia en quienes sufren dichas contradicciones.

Pero este grave trastorno no parece importarle demasiado al Gobierno y para muestra de ello bastan cuatro botones, entre todos los que lleva en su haber. En 2007 suprimió el impuesto de patrimonio, que ahora recupera, para tirarlo de nuevo a la papelera  en un plazo máximo de dos años, en que de nuevo desaparecerá tal impuesto. Bien.

Durante muchos, pero que muchos años, tuvimos limitado el velocímetro de nuestro coche a 120 km/h hasta que a un iluminado del Gobierno se le ocurrió cambiar miles – sí, miles – de señales de tráfico obligándonos a circular a velocidad inferior a 110 km/h durante unos meses, para recambiar de nuevo los mismos miles de señales a su estado original, ante el desconcierto general. Bien por el chico.

Cuando pensábamos que el paroxismo ciudadano había llegado a su límite, viene otro visionario ¡socialista! con una reforma laboral, cuya vida no pasará de unos meses, justificando la continuidad de los contratos basura diciendo que peor sería que los trabajadores se quedaran preñados o que no tuvieran techo en sus casas, devolviéndonos a los orígenes de la lucha obrera.

Por si esto fuera poco, en los últimos días la cosa ha mejorado bastante porque las contradicciones son simultáneas en el tiempo. Así mientras Pepiño afirma que no se pagará a las Comunidades que lo recauden, la compensación por el Impuesto de Patrimonio; la superministra Salgado dice que de eso nada, dejándonos a los ciudadanos boquiabiertos ante tanta coordinación y claridad de ideas, como sucedió entre presidente y candidato con motivo de la inaceptable reforma constitucional.

Desordenar la mente de los vecinos con tanto acierto obliga a pensar en una estrategia premeditada, pues no cabe tanta torpeza por metro cuadrado sin sospechar una segunda verdad para regocijo de los populares, que sin hacer absolutamente nada ni elevar propuesta alguna, cada día recogen más paladas de votos en Génova, mientras algunos pensamos radicalizar el voto en las urnas.

QUEREMOS A LOS MEJORES

QUEREMOS A LOS MEJORES

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Hay personas que mantienen las mismas utopías de siempre, como si las hojas de su calendario no conocieran el otoño y la verdad de la vida cotidiana siguiera ocupando el punto ciego de tu globo ocular, dando la espalda a la terca realidad.

Después de perder el pelo detrás de las orejas y chamuscar la cisura de Rolando de tanto pensar, he concluido que el mundo sería diferente si en todas las cúpulas del poder estuvieran los que deberían estar, y no la manada de centauros y centaúrides que hay bostezando, coceando y trapicheando en sillones institucionales, tapizados con gotas de sudor ajeno.

Conseguir que nos dirijan los mejores es la gran quimera en este país. Como lo son también la honestidad en la vida pública, la igualdad de oportunidades, el respeto a otras ideas, la libertad de opinión, la protección del débil, la independencia del poder judicial o la aplicación del principio fundamental de mérito y capacidad para seleccionar los candidatos que promocionan internamente en la administración pública  ¿Pero os habéis creído? Nada es como pensáis, ni como debería ser.

Si los puestos técnicos en la administración estuvieran ocupados por los más capacitados para ejercerlos, la prevaricación en las comisiones de selección no formarían parte de nuestras conversaciones diarias. Si los dirigentes políticos fueran seleccionados entre los ciudadanos más capaces y honrados, no estaríamos en el ranking  de países con más amiguismo y corrupción. Si todos los jefes de departamentos universitarios fueran como deberían ser, García Calvo nunca hubiera propuesto la demolición de la Universidad. Si los responsables educativos se parecieran algo a don Francisco Giner, otro gallo cantaría a nuestra educación. Si las autoridades locales imitaran el estilo de Filiberto Villalobos, habría mayor entendimiento ciudadano y menos crispación política. ¿Sigo?

Lo triste es que para ocupar un cargo en este país hay que dar muchas cabezadas al cabo del día, llevar durante años la cartera del jefe, reírle sus estúpidas gracias, soportar su mal humor, hacerle el trabajo sucio, tragar más sapos que las grullas y arrastrarse como culebras, si se pretende hacer en el futuro la tarea que ahora realiza el jefecillo de turno.

El trepa que busca acomodo en un cargo directivo debe hacer voto de obediencia a sus promotores como única forma de sobrevivir a su incurable, penosa y mutilante incompetencia natural. Ineptitud que debe ocultar a sus inferiores engolando la voz para darle más resonancia gutural, apelando al Boletín Oficial para ejercer el poder porque su liderazgo natural no alcanza la patatera rosquilla de su líder cósmico.

Estos dirigentes, que van acomodando en poltronas a los que sostienen con más fuerza entre sus dientes el carné del partido; y que silencian con amenazas subliminales a los disidentes, se equivocan pensando que ese es el mejor camino para hacer grande a la España que fingen defender, porque los discursos no engrandecen al país ni lo liberan de la mediocridad, algo que se consigue situando en puestos de gestión a los ciudadanos más competentes para ejercerlos, aunque no lleven rosas o gaviotas en la solapa.

Pero los que todavía seguimos creyendo en un país gobernado por los mejores, mantenemos en el pebetero de nuestra vida la antorcha de la esperanza y lucharemos por convertir en necesario lo que hoy se nos antoja inalcanzable quimera.

LA GENERACIÓN DEL CAMBIO

LA GENERACIÓN DEL CAMBIO

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No pretendo robarle a Suárez mérito alguno, ni negarle a muchos políticos de aquel tiempo sus esfuerzos por devolvernos la democracia que nos fue brutalmente arrebatada en 1936. Tampoco voy a reprocharles que hicieran el trabajo a medias, porque lo suyo hubiera sido restaurar la república derrocada por las armas, enviando a la papelera la Ley de Sucesión impuesta por Franco, que tan bien le vino a su sucesor, incondicional y fiel acompañante en palcos, desfiles, plazas de orientes, pardos, pazos e inauguraciones. Pero, al parecer, necesitábamos alguien que nos moderara en aquellos momentos, y ahí sigue inviolable y constitucionalmente irresponsable, protegido por sus colaboradores y medios de comunicación, con blindajes que para ellos quisieran los amigos suyos que han pasado por la trena.

Decía que no era mi intención dejar de aplaudir a Suárez y a los demás, pero quiero reivindicar el compromiso que tuvimos los ciudadanos de mi generación en promover un cambio político imposible de llevar a cabo, si el pueblo no hubiera empujado con fuerza a políticos y periodistas, apostando valientemente por la democracia perdida y poniendo contra las cuerdas a los ultramontanos defensores del régimen franquista.

A los españoles de toda nacionalidad que hicimos posible el cambio se nos pueden reprochar muchas cosas, pero no vamos a tolerar que se nos retire el honor de haber sido los motores de la transición española, la piqueta anónima que echó abajo las estructuras de hormigón armado levantadas por el dictador y la tijera que cortó las ligaduras de todo lo que Franco había pretendido dejar atado y bien atado.

Fue nuestra generación quien abrió de par en par las puertas a una democracia que en nada se parece hoy a la que entonces soñábamos. Fuimos nosotros quienes la hicimos posible con una generosidad, desprendimiento, honradez y tolerancia, ahora desterradas de la vida pública.

Llevamos con orgullo haber sido la generación del cambio, pero lamentamos que muchos de aquellos románticos que compartieron con nosotros sueños de redención, se hayan despojado de la utopía para nutrir sus cuentas corrientes con el sudor de los demás.

Criticábamos el nepotismo y nos duele que los desertores de quimeras hayan hecho del amiguismo oficio y de la corrupción bandera, desterrando la solidaridad al rincón más profundo del olvido.

A los que corrimos delante de los grises, dormimos fuera de casa, hicimos pintadas de madrugada, formamos piquetes y mantuvimos luchas obreras implicando a toda la familia en ello, nos hiere ver a liberados sindicales pisar despachos enmoquetados y  pasearse por la ciudad con sombreros de ala ancha y cachimba en la boca.

Conozco parlamentarios de la transición que sacrificaron parte de su patrimonio para servir a los vecinos, como penoso contraste con los actuales representantes del pueblo que han acumulado rentas millonarias en el sillón según ellos mismos han declarado.

Convertido ya el servicio a la sociedad en beneficio propio, la palabra solidaridad no ha vuelto a ser escrita en el diario de sesiones, pasando a ser la igualdad de oportunidades una simple leyenda en los libros de texto y la exigencia de una democracia real motivo de desprecio en boca de algunos políticos y de burla en determinados medios de comunicación.

Te aquellos luchadores, se mantienen muchos amnésicos en los sillones, otros cambiaron  de chaqueta y proyecto, algunos decepcionados siguen peleando en la tribuna pública ante la sordera general y la mayoría se ha retirado  a los cuarteles de invierno manteniendo intacto el ideario que defendieron, negando voto y saludo a los defraudadores.