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COMIENZO DE CURSO

COMIENZO DE CURSO

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Declaraban ayer unos padres su alegría por el inminente comienzo de curso ya que podrían “empaquetar” a sus hijos y enviarlos a la escuela, quedando ellos descargados de problemas filiales, sin pensar que otros cargarían con ellos, ni agradecimiento alguno a los porteadores de sus dificultades, por parte de quienes quedan liberados de la carga.

A tal ingratitud se añade con frecuencia la incomprensión y críticas al colectivo de profesionales que tiene que soportar a treinta niños y jóvenes tan molestos como esos dos hijos de los felices padres que se hacen insoportables en ocasiones, sin que los maestros puedan quejarse ni poner mala cara ante el grupito de indomables que este año les toque.

No solo deben hacer bien su oficio los profesores, educando e instruyendo a los hijos de los vecinos, sino que tienen que soportar en silencio y por añadidura las impertinencias y faltas de respeto de alumnos y padres, porque en estos tiempos hay papás que se suman a los hijos en sus ataques y críticas a los profesores, sin percibir el error que cometen.

Deseo, pues, a los profesores la mejor de las suertes en el comienzo del nuevo curso, y les pido que tengan la paciencia que muchos padres no tienen con sus hijos, el interés por su oficio para suplir el abandono institucional de la enseñanza, el esfuerzo por seguir dignificando una hermosa profesión tan maltratada socialmente y que mantengan el romanticismo de un oficio que nunca los hará ricos, pero sí felices.

NUEVO PATRIOTERISMO

NUEVO PATRIOTERISMO

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Siempre hemos tenido en la piel de toro pelos erizados de patrioteros, que han confundido la bolsa común con su bolsillo, los intereses comunes con los propios, el Estado con su cortijo y a los ciudadanos con imbéciles esféricos, pero nunca se dio el atrevimiento de que el tesorero nacional se travistiera en cajero del partido gobernante, confundiendo churras con merinas para justificar de forma insultante el exterminio de tantas ovejas inocentes.

Perder sustancia gris por intoxicación con papel moneda, lleva a confundir sentido común con austeridad, ofendiendo el buen sentido de los mortales y evidenciando una atrofia mental incapacitante para custodiar los fondos del banco nacional al enajenado patriotero afectado de exceso cromosómico en su cariotipo.

Alguien cercano al señor Linde debe explicarle la diferencia entre el patriotismo de los patriotas que son tales por demostrar su amor a la patria, y el patrioterismo ejercido por él descaradamente y sin vergüenza, al alardear con cerebro de mosquito, generosidad de usurero, contaminación politiquera y cinismo patriotero, que la austeridad es patriotismo.

Afirmación sin cordura alguna ni oportunidad, de un patriotismo existente únicamente en un rincón apolillado de su cerebro, porque ni siquiera los supuestos beneficiarios de su dislate se han atrevido a confundir los recortes con actos patrióticos.

Don Luis María ha demostrado ser el paradigma del insulto ciudadano que llevamos soportando durante años con paciencia espartana quienes vemos cerca la redención, porque el sentido común ha de imponerse en las elecciones que se avecinan, ni no queremos ver nuestra dignidad humana rodando por las alcantarillas del más humillante desprecio.

HARTAZGO

HARTAZGO

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Ignoran los políticos que la paciencia tiene un límite y la indignación varias puertas de salida que todas confluyen en la revolución. También desconocen que un pueblo herido es más peligroso que los pumas, que la impunidad puede llevar a la desobediencia civil y que  la sordera política frente al clamor popular puede llevar a las barricadas.

La pasividad de los políticos recreándose en sus privilegios y enterrando la corrupción para que nadie sepa que se esconde tras la niebla de Pallerols, Malaya, EREs., Bárcenas, sobres, Berzosa, Amy, Alcorcón, Pitiusa, Millet, etc., puede terminar obligándoles a cavar su propia fosa por orden de los capataces ciudadanos, hartos de tanto recorte, desahucio y corrupción, como escenificó Ada Colau ante la Comisión de Economía del Congreso.

Nuestros padres putativos, acompañados de los mandamases ejecutivos, presidentes financieros y líderes ferrazgenoveses, llevan demasiado tiempo provocando al populacho con su indolencia, y el populacho ha comenzado a desempolvar las guillotinas revolucionarias y afilar las hoces insurrectas, para cortar de un tajo los recortes, la impunidad, los engaños y las estafas.

Aviso a navegantes políticos: cambien ustedes el rumbo de la nave nacional y pongan proa hacia la ejemplaridad moral, para evitar un motín a bordo que les lleve a la bodega donde las vías de agua que están ustedes abriendo terminen por hacernos naufragar a todos en este mar de miseria humana que están fabricando.

PACIENCIA

PACIENCIA

Paciencia es lo que necesitamos los españoles que deseamos ver en la trena a quienes se están salvando de ella huyendo “del nido” y corriendo entre las “matas” junto al “baracaldés”, protegidos por fiscales que sólo ponen atención en ladrones de gallinas y descuideros hambrientos, sin mirar a los despachos donde llenan de dinero bolsas de basura los capos de guante blanco.

Ahí está Núñez, el expresidente del Barça, condenado a seis años de prisión por el caso “Hacienda”, paseándose tranquilamente por las calles catalanas.  Del Nido, presidente del Sevilla y condenado a siete años y medio de cárcel por el caso de las “Minutas”, poniéndose moreno con rayos UVA. Y el ínclito señor Matas tomándole el pelo a propios y extraños durmiendo en su palacete, sin cumplir la sentencia que le ha condenado a seis años de cárcel por corrupción en el caso “Palma Arena”. Todo ello por orden, obra y gracia de los fiscales, para dejar bien patente lo que ya es de dominio público, por muy ceremonial que se pusiera el monarca en el discurso navideño.

Resignacion, amigos, y paciencia, mucha paciencia. Y cuando hablo de paciencia no me refiero a ese pequeño bollo redondo, hecho con harina, huevo, almendra y azúcar y cocido en el horno, como se cuecen las corruptelas en fogones institucionales. Me refiero a la capacidad para soportarlo todo, sin alterarnos. A esperar sin esperanza lo que tanto esperamos. Hablo de la paciencia que necesitaremos para compartir las aceras con quienes han atropellado la justicia en los pasos de peatones, con la ayuda de fiscales dispuestos a esperar cien años a que se resuelvan estratégicos recursos interpuestos por quienes no están dispuestos a oír cerrojos a sus espaldas.

Basta con entreabrir una rendija el sentido profético, para ver en palcos balompédicos a los condenados. Basta sintonizar cualquiera el dial para enrojecer de vergüenza con las noticias fiscales que llegan. Y basta oír pacientemente los ruidos fiscalizadores, para tener muchas opciones a ganar un certamen de novela corta.

Existe el deseo estéril de ver anuladas las leyes relativistas en el ámbito fiscal, moviendo las pretensiones a velocidades superiores a la de la luz y condensando el tiempo de espera en un punto para satisfacer a tiempo nuestros deseos.

Los ciudadanos de a pie, es decir, casi todos, no debemos caer en la trampa de precipitarnos con el desasosiego patológico que pueden provocarnos decisiones fiscales que permiten a condenados a varios años de prisión pasearse sonrientes por las alfombras recurriendo sentencias, mientras otros se pasan esos años en prisión por robar un lapicero.

Razones habrá para ello, pero esto es difícil de comprender para los legos en cuestiones legales, que pagamos el sueldo a los fiscales.

¿PACIENCIA O BARRICADAS?

¿PACIENCIA O BARRICADAS?

En plena campaña electoral mi voluntad se mueve confusa entre aguantar pacientemente los envites que van a llegarnos de los mitineros, o pedir ayuda a los vecinos para montar barricadas, preludio de una revolución que nos lleve a tomar la bastilla política, hoy en manos de ineptos esféricos, es decir, personas incapaces por donde quiera que se las mire.

La razón que gobierna mi cerebro orienta las neuronas por el recto camino de la cisura de Rolando donde las leyes democráticas tienen el asentamiento, sugiriéndome paciencia, es decir, capacidad para sufrir y padecer lo que venga, sin alterarme. Pero el instinto que mueve mis vísceras, alienta en el corazón latidos revolucionarios contra una campaña electoral que va a llevarse de nuestros bolsillos ¡41 millones de euros! – que tiene  bemoles la cosa – impulsándome a montar parapetos que impidan el paso de los vividores a costa del sudor ajeno.

¿Es momento de paciencia o de confrontación abierta contra la política que hacen nuestros políticos, sin duda alguna los más corruptos e incapaces de nuestra historia?.

Dando paso a la razón, puedo decir que en estos momentos necesitamos masivas dosis de paciencia. Preciado elixir que nos ayudará a soportar la que se nos viene encima en los próximos días. Paciencia para no responder con violencia al despilfarro y la farsa que llegará a diario a nuestras casas, perfumada con el cinismo del agua milagrosa procedente del mismo manantial que blinda mercenarios columnistas y pone micrófonos en sus manos para justificar lo injustificable.

Pero si abro las esclusas de mis venas, el caudal de indignación acumulado me pide montar barricadas en todas las autovías, carreteras y caminos vecinales por donde vayan a pasar las caravanas electorales. Si doy voz al instinto, el cuerpo reclama mi voluntad de reventar los mítines y bloquear las cuentas corrientes de quienes sobrevuelan por encima de la crisis después de fumigarnos con ella.

¿Barricadas o paciencia? That is the question, que diría don Guillermo por boca del príncipe de Dinamarca. ¿Es más noble para el alma soportar
las flechas y pedradas de la áspera política
o armarse contra un mar de adversidades
y darle fin en el encuentro?

Esta es la cuestión que yo dejo hoy en mi bitácora, teniendo muy clara la respuesta.