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Etiqueta: Moral

CORPORATIVISMO UNIVERSITARIO

CORPORATIVISMO UNIVERSITARIO

La inmerecida valoración pública que está recibiendo la Universidad Rey Juan Carlos, con motivo del máster otorgado en tómbola in-docente por unos mercaderes de favores a la estudiante Cristina Cifuentes, nos obliga a rechazar las descalificaciones generalizadas que están recibiendo los profesores de dicha institución en diferentes medios y mentideros, sabiendo que son más las cátedras honradas asentadas en sus tribunas docentes, que los asientos de mimbre arrinconados en el desprecio colectivo.

Los detestables hechos llevados a cabo por estómagos agradecidos, intelectualoides de medio pelo y ciruelos sin pulpa mental, no pueden empañar el mérito docente, la talla intelectual, el docto sentir, la erudición y el compromiso formativo de los muchos que ocupan la tarima escolástica en dicha Universidad.

No han merecido sus profesores ser regidos por un mandatario degradado intelectualmente por haber plagiado un trabajo. Tampoco por quien fue destituido con moción de censura. Ni por el rector del “máster”, que intentó sobornar con dinero a su oponente electoral, antes de ser nombrado magistrado del más alto tribunal. Ni por el actual mandamás que dice, se desdice, vuelve a decir y desdecirse con solicitud de perdón, declarándose engañado por sus compañeros. Finalmente, tampoco merecen los profesores y alumnos la titularidad del nombre tallado en el frontispicio de la docta casa.

Somos mayoría los que confiamos en esa Universidad y en todas las demás como motores de regeneración social, estimuladores de creatividad, crisol de virtudes intelectuales y esperanza de futuro, pero también es cierto que el mayoritario sector universitario honrado debe superar la cobardía del silencio y el corporativismo enfermizo en defensa de quienes no merecen semejante amparo, porque tal protección perjudica a quienes disculpan y exculpan acciones rechazadas por la ética más elemental y el compromiso obligado con la verdad que deben atesorar quienes tienen la sagrada misión de formar a los futuros dirigentes sociales.

A SU EMINENCIA SEBASTIÁN

A SU EMINENCIA SEBASTIÁN

Desde la descreencia, pero con agradecido afecto personal de quien tiene espejo moral donde mirarse y hermano espiritual cercano a la bondad, amor y generosidad, presentó sus memorias el pasado jueves en el Aula Magna de la Universidad Pontificia, el cardenal Fernando Sebastián, testimonio de fe cristiana y compromiso evangélico, que nos honra a quienes seguimos creyendo en valores eternos compartidos por la religiosidad laica que guía las acciones.

Vaya esta página con lagunas en la memoria olvidando las negras palabras del cardenal hacia los gays y lesbianas, así como sus elogios a Falange Española y Alternativa Española, porque solo quiero recordar al teólogo comprometido con la democracia española en convulsos tiempos transitorios; evocar al dirigente obrero de la JOC y de la HOAC; al crítico con el franquismo y al promotor de la separación de la Iglesia de la Iglesia del Estado, tras un maridaje de cuarenta años.

Opto por recordar la comprometida hermandad que Fernando mantuvo con mi querido Olegario, con Setién, con Alberdi, Belda, Velasco, Patino, Cebrián, Nasarre y tantos otros, a las respetuosas órdenes del cardenal Tarancón, en los inolvidables “consejillos” de las Benedictinas madrileñas.

Prefiero quedarme con el autor de la histórica homilía que pronunció el cardenal Tarancón en la misa de coronación de Juan Carlos en la iglesia de los Jerónimos, por ser pieza oratoria excepcional, merecedora de un espacio privilegiado en la moderna historia de España. Quédome, pues, con su afán por la reconciliación, la justicia y la paz, en una sociedad libre

Solo queda agradecer a Sebastián la humildad con que ostenta su sede, la templanza de sus palabras, la sabiduría del pensamiento, la bondad de sus gestos, la grandeza de su corazón, la transparencia de su verdad, y darle las gracias por su compromiso con la democracia en momentos muy difíciles de nuestra historia donde vesánicos gritos pedían el paredón para su querido Tarancón, mientras el piso de Atocha salpicaba de sangre inocente sus paredes.

Agradecerle al cardenal la generosidad por desnudar su alma en la plaza pública, con humilde descaro caritativo al servicio de quienes sigan creyendo que en la vida hay algo más que vanidades de porcelana, soberbia plastificada, solidaridad de escaparate, amor de media vuelta y prójimos maculados, interpretando patéticamente el penoso oficio de ser titiriteros de la moral.

Solo queda enviarle un abrazo de este amigo, que sin haberle convivido, -como le dijo el cardenal Francisco-Bergoglio-, lo conoce bien por sus escritos.

AUTOCRACIA PARTIDISTA

AUTOCRACIA PARTIDISTA

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La partitocracia consagra el poder absoluto de los líderes políticos, pervirtiendo la democracia al convertir su voluntad en ley suprema que rige los designios de la organización que gobiernan, en la que sus militantes quedan para pegar carteles, buzonear programas, vigilar mesas electorales, sostener pancartas y gritar consignas en las manifestaciones.

Pero son los propios afiliados quienes promueven y consolidan el autoritarismo dentro de los partidos, cumpliendo mandatos contrarios a su conciencia, canonizando políticamente a sus líderes y anulando la voluntad propia, autoimponiéndose como norte de militancia la obediencia ciega a los jefes para mantenerse en la fotografía o salir en futuros carteles electorales. Mínimo ideario y máximo anhelo que consolida el poder absoluto de los grandes cortijeros del partido y su infalibilidad.

Esta identificación de poder, autoridad y dominio con posesión de la verdad absoluta, excluye toda discusión y alienta la sumisión incondicional de los subordinados a la voluntad patriarcal de los rectores, acallándose con sanciones y defenestraciones las tímidas voces divergentes, entre el silencio resignado de la mayoría que sigue la voz de sus amos.

Es la partitocracia responsable de la disciplina de voto y motivo del encumbramiento y ascenso de los déspotas a los altares partidistas, al ser estos quienes designan en bloque compacto a sus representantes para ser elegidos en pack indiviso por los votantes, en una democracia representativa, no del pueblo y los ciudadanos, sino de los partidos.

Una vez ocupada la peana por los mandamases, sólo tienen cabida las reverencias de los fieles y las genuflexiones de los devotos, pues los santos patronos otorgan favores a quienes se les antoja en función del fervor demostrado por los suplicantes en sus oraciones, sus golpes arrepentidos sobre el pecho, los propósitos de enmienda y las promesas de lealtad hechas por los demandantes al pedir sus favores.

Pero no todo puede ser controlado siempre por los capataces, circunstancia que les desconcierta e irrita sobremanera, cuando se impone a sus deseos la voluntad de personas independientes, alarmando a los sorprendidos reyezuelos de que los emancipados de servidumbres no sigan sus órdenes y se alejen del principio físico de inercia política, cuando la lógica personal delata los sofismas y la ética individual rechaza imposiciones inaceptables, por muy serios, ceremoniales, solemnes y teatrales que se pongan en la tribuna los usurpadores.

ESTAMOS SIN CANDIDATO

ESTAMOS SIN CANDIDATO

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En vista de los sucesivos fracasos en las negociaciones que están teniendo los diferentes aspirantes al inquilinato monclovita, muchos ciudadanos piensan que no hay un candidato al palacete, sin darse cuenta que aunque hubiera pretendiente, nunca habría candidato.

La palabra candidato viene de cándido, que significa blanco, puro, limpio e inmaculado, siendo persona que por sus cualidades morales reúne las condiciones necesarias para ocupar cargos públicos, algo que no parece suceder entre los postulantes a tal honor.

Por eso, en la antigua Roma, los candidatos a dirigir el país lucían togas blancas, y se presentaban con ellas abiertas para que los ciudadanos pudieran ver sus cicatrices de guerra como símbolo del valor demostrado en la lucha, lo que en nuestros tiempos se traduciría en exhibir una limpieza moral acreditada para ejercer el cargo con absoluta honradez.

Esto es algo que no sucede entre los aspirantes a dirigir nuestras vidas, pues como ya hemos repetido muchas veces, en la vida pública no basta con ser honesto, sino que es obligado exigir que los demás también lo sean aunque se trate de compañeros de partido, denunciando públicamente a los malhechores que comparten el despacho de al lado, porque de no hacerlo se convierte el mudo en cómplice por omisión.

Entre el blanco mate procedente del latín albus y el blanco brillante derivado de candidus, hay la misma diferencia que entre el aspirante mate, sin brillo ético ni compromiso real con el pueblo; y el candidato brillante, honrado, competente, veraz y moralmente cuajado que los españoles buscamos por los rincones, para nos guíe con su luminosa candela.

FELIZ CUMPLEAÑOS, MAESTRO

FELIZ CUMPLEAÑOS, MAESTRO

Emilio_Lledó

Hoy cumple ochenta y ocho años un pensador clásico español con mente universal, que ha paseado su sabiduría por todo el mundo desde varias universidades, sin renunciar al sevillano barrio trianero que le vio nacer y corretear por sus calles en la infancia, antes de formarse en Madrid y Heidelberg, ejercer el magisterio en La Laguna y Barcelona, sentarse en la Real Academia Española, recoger el Premio Nacional de las Letras Españolas y sentarse en el ovetense teatro Campoamor para recibir el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades.

Don Emilio Lledó es hoy el paradigma del intelectual moderno, comprometido con la sociedad, crítico con el poder, dialogante, erudito sin fisura, sincero por encima de toda componenda, maestro de maestros, trabajador incansable, perseverante en su empeño, independiente de juicio, creativo, respetuoso, polémico, reflexivo, autocrítico y de una integridad moral acorazada.

Es la voz que clama en el desierto, por mucho que el nuevo rey se empeñe en decirle a los políticos, financieros, empresarios, jueces y pueblo que presten atención a sus palabras y atiendan los consejos de este hombre sabio y honesto, que va por el mundo con el romanticismo de un caballero andante.

Para Lledó los libros son la memoria, porque los seres humanos somos fundamentalmente memoria y lenguaje, de forma que si no tuviéramos memoria, no sabríamos quiénes somos individualmente ni colectivamente, por lo que recomienda leer y dialogar en las páginas con los escritores, como le enseñó en Vicálvaro su maestro don Francisco.

Tal vez por eso mantenga sobre su la mesa de estudio la kantiana frase de que “el ser humano es lo que la educación hace de él”, pues somos, nos formamos, nos deformamos y nos transformamos por medio de la educación, estando obligados los gobiernos a mimar la educación como antídoto de todos los problemas sociales, aceptando que la política debe ser, según el texto clásico, “lo más arquitectónico, lo más interesante de la vida social”, porque organiza, armoniza y orienta los distintos deseos e ideas de los seres humanos, debiendo ser el político un hombre decente y justo que se entrega a los demás.

Pensando así, es fácil comprender que don Emilio les exija decencia a los políticos.

UN RATO CON RATO

UN RATO CON RATO

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Menudo alboroto que la envidia española ha formado por el rato que pasó Rato hablando con su amigo supernumerario, obligándole a decir hoy en el Congreso de qué hablaron, sabiendo que no dirá nada como ya anticipó el Registrador ante las cámaras, antes de hacer un calvo a todos los ciudadanos, con guiño y sonrisa de conejo incluidos.

A mí también me gustaría hablar con Rato un buen rato, ya que hay pocas personas en el mundo que puedan informar mejor sobre la forma de hacerse millonario administrando dinero ajeno, ofreciendo humo envenenado sin despeinarse y con nariz de madera resistente a toda sierra moral que pretenda recortarla.

¿A quién no le gustaría hablar un rato con Rato para saber las verdaderas razones que condenaron a su padre a tres años de prisión?

¿Quién no querría hablar un rato con Rato para saber la forma de entrar y salir del FMI, sin que nadie sepa como entró y, sobre todo, cómo y por qué salió?

¿A qué preferentista no le gustaría hablar un rato con Rato para saber cómo engañar tocando la campana en la Bolsa y brindando con champagne?

¿A qué cliente de Bankia no le gustaría hablar un rato con Rato para saber cómo tener mágica tarjeta negra, conseguidora de lo imposible?

¿A qué empleado de Telefónica no le gustaría hablar un rato con Rato para saber cómo ser consejero americano con los bolsillos de la americana llenos de euros?

No seamos injustos con el Gran Gendarme dueño de la calle y dejémosle que hable el rato que quiera con Rato sobre epistemología, porque Rato este no es un ratero ….cualquiera, como bien saben los reptiles que se arrastran a su alrededor.

DESOBEDIENCIA DEBIDA

DESOBEDIENCIA DEBIDA

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Los funcionarios civiles y militares alegan “obediencia debida” para limpiar sus culpas al cometer actos ilegales, con el fin de quedar exonerados de responsabilidades por su mal comportamiento, evitar condenas judiciales y librarse de sanciones disciplinarias al cometer delitos, por acatamiento de órdenes superiores.

Igualmente, aunque los códigos civiles y militares no lo contemplen, existe una “desobediencia debida” recogida en el código de justicia moral, que exime de responsabilidades a los ciudadanos en el ejercicio de este derecho moral, cuando se niegan a cumplir órdenes superiores que contravengan su conciencia y la ética social dominante.

Contraviniendo los versos de Calderón de la Barca, en este momento y aquí la más principal hazaña no es obedecer disciplinadamente todo mandato de la autoridad, sino aquellas órdenes que no atenten contra la dignidad humana, el respeto ciudadano, la libertad común y la ética colectiva.

A la autoridad se debe obediencia, pero siempre que sus dictados se correspondan con lo establecido en la moral ciudadana y no perjudiquen injustamente a los afectados por instrucciones arbitrariamente dictadas, gratuitamente establecidas y sin explicaciones humanamente comprensibles por el cerebro humano que sustenta la razón de los seres vivos que la tienen.

El propio Gandhi decía que “cuando una ley es injusta, lo correcto es desobedecerla”, porque el acatamiento a la autoridad tiene un límite y no excluye la crítica a los decretos inconvenientes y el rechazo a órdenes abusivas, quedando autorizados al incumplimiento de las mismas.

También Santo Tomás de Aquino dijo que la promulgación de una ley no es su sola publicación, sino su justificación, explicación y buen sentido, porque a nadie que tenga conciencia de sus actos y de la ley, se le puede pedir que obedezca ciegamente al que mande, por el solo hecho de que lo diga el que manda.