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EL RIESGO DE DISCREPAR

EL RIESGO DE DISCREPAR

El discrepante que vocea públicamente lo contrario a la opinión escrita en la peana de los patriarcas, corre el riesgo de acabar chamuscado en la hoguera, porque una de las asignaturas pendientes en este país es la incapacidad de los mandamases para aceptar críticas sinceras y honestas opiniones contrarias a las suyas.

Hoy se condena al discrepante, no se respetan voces ajenas, se imponen criterios con amenazas y se condena sin juicio a los opositores, porque no acabamos de aceptar palabras alternativas, impedidos por una prepotencia injustificada y sordera crónica, causas de la pandemia moral que se extiende por las cúpulas políticas, sociales, financieras y laborales.

En ellas se impone el sectarismo y son legión quienes declaran enemigos a los que no piensan como ellos, siendo tal actitud una forma sutil de inquisición que anula todo espacio para el encuentro, impide los acuerdos y cierra puertas al entendimiento.

Discrepar en este país tiene más peligro que caminar con los ojos vendados por un campo de minas, pues a la primera de cambio pintan con sangre de cordero el dintel de la puerta del discrepante, dejando claro que tiene más acogida el granuja adulador, que el crítico honrado.

Hablo del pensamiento divergente que acompaña a quienes ejercen el noble oficio de pensar, analizar la realidad y opinar sobre ella. Hablo de quienes refutan la autoridad, encausan arbitrariedades, contradicen al jefe, desvelan fechorías, impugnan decisiones injustas, condena abusos del amo, desatiende caprichos del director, rectifica al patrón o denuncia la incompetencia del poderoso.

Quienes realizan estas tareas han de estar dispuestos a recibir anatemas, a pagar el costoso tributo de la marginación, a sufrir venganza y a ser borrado de la fotografía por “moverse”, siendo estos críticos empujados hacia el despeñadero social por quienes van por la vida con un guijarro de la mano dispuestos a lapidar al primero que no esté de acuerdo con ellos, liquidando las discrepancias a sartenazos y colgando al disidente el sambenito, preludio de la pira inquisidora.

PESOS PESADOS

PESOS PESADOS

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Los populares herederos directos de líderes franquistas que recibieron el espaldarazo político de sus progenitores, y otros tantos socialistas que durante años criticaron el franquismo, han seguido los mismos pasos, pretendiendo soldarse con autógena a los sillones institucionales, cantando a coro “No nos moverán”.

Oyendo las declaraciones de algunos pesos pesados populares y socialistas defendiendo estatutos enmohecidos y estructuras internas añejas para seguir silloneando, es fácil explicar la debacle de ambos, invocando el espíritu trasnochados ya invalidados por actuales exigencias sociales.

Muchos líderes populares y socialistas reconocidos por todos los votantes, llevan décadas viviendo lujosamente de la política, sin otro mérito que ser tocados por el dedo poderoso del jefe que los ha incluido año tras año en las listas electorales, perpetuándose en escaños y poltronas institucionales.

La negativa de los viejos elefantes populares y socialistas a irse al cementerio político con sus colmillos retorcidos y las arcas llenas hasta rebosar con los tesoros de las minas electorales tras décadas de neoneo, obliga a pensar en canonjías envidiables y privilegios categóricos de la profesión política en que convirtieron sus vidas.

Pedimos a los militantes ingenuos de ambos partidos que no se dejen embaucar con la magia de los prestigitadores que guardan conejos en la chistera para cautivarlos, aprovechando su inocencia; y prevenimos a los candorosos votantes que estén muy atentos porque jugarán con cartas marcadas y listas cerradas elaboradas por ellos, en las próximas elecciones.

ACOSO LABORAL

ACOSO LABORAL

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El cobarde, injusto, abusivo y detestable acoso laboral del patrón a los subordinados, tiene como finalidad producir miedo en los trabajadores, para lograr el sometimiento incondicional de los asalariados a su voluntad o conseguir la renuncia de estos al puesto de trabajo.

Para alcanzar su objetivo, los acosadores utilizan sutiles métodos de hostigamiento y violencia psicológica, nunca siempre fáciles de demostrar, porque muchas agresiones se disfrazan con insinuaciones confusas, ambigüedades calculadas o amenazas privadas, sin testigos, ni grabaciones, ni documentos, que permitan demostrar el acoso, negado siempre por quienes lo practican.

El sueco Leymann optó en los años ochenta por llamar mobbing lo que no era más que persecución, dulcificando el término para limar las espinas de palabras como cazar, acorralar, cercar, intimidar o atenazar, que se clavan en el cuerpo y alma del 15 % de los trabajadores en activo, elevándose esta cifra en la mujeres.

Los jefes enmarcan el acoso en la legalidad, asignando al trabajador acosado objetivos difíciles de alcanzar, fijándole plazos imposibles de cumplir, dándole sobrecarga de tareas, rebajándolo de categoría profesional, modificándole sus responsabilidades, asignándole labores ingratas, discriminándolo en el trato personal, ninguneándolo, ocultándole información para inducirle al error, infravalorando su trabajo, bloqueando su carrera profesional o rechazando sistemáticamente sus ideas.

El acoso tiene su origen en causas muy diversas, que pueden ir desde la divergencia política, religiosa o sexual, hasta la negativa del trabajador a participar en acciones deshonestas, pasando por rebelarse ante la manipulación, tener otra nacionalidad o ponerse enfermo.

En todo caso, se trata de un abuso jerárquico que lleva al deterioro personal, desgaste profesional y quiebra psíquica del acosado, concluyendo en angustia, depresión, insomnio, irritabilidad, inseguridad, desestimación, quiebra familiar, paro y soledad irreparable, sin causa oficial que justifique la ruina personal del trabajador hostigado.

DIARIO DE UNA JOVEN SECRETARIA

DIARIO DE UNA JOVEN SECRETARIA

Dándole forma literaria como diario apócrifo, os cuento la historia real de unos hechos sucedidos en plena crisis y cercano despacho, que nos devuelven a tiempos no lejanos de siervos, pernadas, abusos y amenazas  para complacer falos insatisfechos, sometiendo voluntades y quebrando dignidades, a cambio de supervivencia.

Primer día: Llego a mi nuevo empleo como administrativa a las ocho de la mañana, respondo a treinta cartas, resumo cinco informes, preparo dos balances y salgo una hora más tarde.

Segundo día: Don Antonio, mi jefe, debe ser buena gente. He llegado a las ocho y media y no me ha llamado la atención por el retraso. He respondido a veinte cartas.

Tercer día: Me he retrasado otra vez. Respondo a quince cartas y resumo tres informes. Don Antonio se ha ofrecido para ayudarme en todo lo que necesite.

Cuarto día: He llegado a las nueve, redactado diez cartas y preparado dos balances, además don Antonio me ha dicho que necesita una secretaria particular.

Quinto día: He llegado a las nueve y media, y al final de la jornada el jefe me ha ordenado que a partir de mañana pase a trabajar todos los días en su despacho.

 Sexto día: He llegado a las diez y no he tenido que hacer balances ni informes. Don Antonio me ha comentado que tengo un nombre muy bonito y buen gusto para vestir.

Séptimo día: Sólo he tenido que responder a cinco cartas y me ha sonrojado el jefe diciéndome que estaba muy guapa, poniendo una flor sobre mi mesa.

Octavo día: Hoy no he tenido cartas que contestar ni informes que resumir. He estado casi toda la mañana hablando con don Antonio y me ha pedido que le llame Tony.

Noveno día: A partir de hoy sólo debo contestar al teléfono porque Concha se encargará de todo lo demás. Al acabar he tomado con Tony una bebida muy rara en un pub.

Décimo día: Tony me ha invitado a cenar esta noche en su apartamento y se ha enfadado conmigo por negarme a ir, alegando que no me gusta y que estoy feliz con mi chico.

Undécimo día: El jefe no es tan simpático como me creía. Hoy no me ha hablado, he contestado a veinte cartas, redactado cinco informes y salido dos horas tarde.

Duodécimo día: He llegado a las nueve al despacho y me ha reñido por el retraso, antes de advertirme que está pensando cambiar de secretaria particular.

Decimotercer día: Hoy he currado como una mula y realizado el trabajo de Concha, pero don Antonio me ha dicho que no le parezco muy adecuada para el puesto de trabajo.

Decimocuarto día:  Tony ha estado toda la cena supersimpático y su apartamento huele a azufre.