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Etiqueta: Goebbels

FANATISMO

FANATISMO

El fanatismo de cualquier tipo, sea cual fuere la ideología que lo sustenta: religiosa, política, deportiva o segregacionista, es una constante en la historia universal porque forma parte de la condición humana, sin distinción de raza, procedencia o condición de los fanáticos, al estar enraizado en la necesidad de creer en algo y pertenecer a un grupo privilegiado de visionarios, prevaleciendo el impulso colectivo sobre la individualidad de cada uno de sus miembros, abducidos por el credo correspondiente.

La persona fanatizada practica el sectarismo social como forma de entender las relaciones comunitarias, carece de pensamiento divergente, objetividad intelectual y capacidad mental para distinguir fabulaciones de realidades y falsificaciones de verdades históricas, confirmando con ello la teoría del propagandista nazi Goebbels, cuando afirmaba que una mentira mil veces repetida se convierte en verdad indiscutida.

Las doctrinas fanáticas tienen gran poder de penetración en jóvenes carentes de ideales que aceptan incondicionalmente aspiraciones, ilusiones o proyectos vitales –por equivocados o quiméricos que estos sean- poniendo su voluntad a disposición del banderín de enganche enarbolado por todos aquellos carentes de discernimiento objetivo, ilusiones alternativas y aspiraciones sustitutivas.

Caracteriza a los fanáticos el maniqueísmo reduccionista, formando ellos parte de los “buenos”, claro; la intransigencia ideológica a pensamientos divergentes; el autoritarismo impositivo de sus convicciones; la irracionalidad de sus dogmática posición doctrinal; y la implantación, por cirugia ideológica, de opacas orejeras que les impiden ver las alternativas mentales que abundan al borde del obsesivo camino que recorren.

Lo grave de la situación es que al fanatismo se llega pisando alfombras y entrando en la obstinación por la puerta principal del edificio doctrinario, pero se sale de él dejando pelos en la gatera, porque el final de la exacerbación concluye siempre en violencia, fractura social, desencanto general y frustración generalizada entre los abducidos, cuando estos no alcanzan sus objetivos.

PRESENCIA Y AUSENCIA

PRESENCIA Y AUSENCIA

El caprichoso destino hizo coincidir el nacimiento del creador y líder universal de la civilización occidental cristiana, con la muerte del mayor cómico que la historia ha conocido, en un malhadado juego de azar que nos obliga a recordar ambas efemérides, aunque la primera venga impuesta por la jerarquía eclesiástica y la segunda por la triste realidad que a cada cual corresponde.

Recuerdos de natividad y muerte trae cada año el 25 de diciembre, como sensible contrapunto de dicha y tristeza, confundiendo brillantes lágrimas de felicidad por la natividad religiosa, con el rastro húmedo que deja el luto en las pupilas que contemplaron imágenes blanquinegras sobre la pantalla, conmovidos por las peripecias cómicamente emocionales del gran payaso.

La religiosa liturgia católica lleva al nacimiento de Jesús, mientras los recuerdos laicos evocan la muerte del más grande humorista, pues un día como hoy voló la parca inesperadamente sobre la ciudad suiza de Vevey, para llevarse a la eternidad con una sonrisa al Sir londinense Charles Spencer Chaplin.

Este caricato burlesco comenzó su carrera en los escenarios a los cinco años, sustituyendo a su madre en un papel secundario, y terminó llevándose un Óscar honorífico a su excepcional carrera cinematográfica, dejando para la historia películas inolvidables con miles de imágenes imposibles  de imitar, que continúan asombrando a los espectadores.

Expresó con negro humor su crítica al capitalismo. Fue calificado por el propagandista nazi Goebbels como “pequeño judío despreciable”, con motivo del estreno en 1940 de su película El gran dictador. Y, finalmente, el Comité de Actividades Estadounidenses lo condenó a prisión, incluyéndole en su lista negra por “antiamericano” y comunista, presionando para que fuera deportado, por escribir una carta a Picasso relacionada con el compositor socialista Eisler, patrocinador de la música de lucha.

Mientras se trasladaba a Inglaterra en el Queen Elizabeth el 17 de septiembre de 1952 con motivo del estreno de Candilejas, el Fiscal General de los Estados Unidos ordenó su detención, teniendo que exiliarse definitivamente en Vevey con su familia, entregando en Ginebra al cónsul americano su permiso de retorno a Estados Unidos, para expresar su intención de no volver a ese país tras haber permanecido en él cuatro décadas.

¿ VENCERÁ LA DESMEMORIA ?

¿ VENCERÁ LA DESMEMORIA ?

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Desde que el primer bípedo comenzó a dar sus pasos por la tierra, las calamidades acontecidas en la historia de la Humanidad han sido provocadas por la ambición del ser humano y su desmemoria, grandes vencedores y responsables de las sucesivas guerras, disputas, fracasos, quiebras, desencuentros .…y errores, cometidos por la raza humana.

Arrinconar experiencias y olvidar lo sucedido en tiempo pasado son algunas veces las causas de múltiples desgracias y adversidades, acompañadas de arrepentimientos posteriores sin solución posible, ni moviola que nos haga retroceder al momento en que se tomaron las decisiones que nos llevaron al fracaso.

Quien mantiene viva la memoria no se deja embaucar con palabras embriagadoras que contradicen los hechos reales que han sucedido, por mucho que los publicistas repitan mentiras con intención de convertir en verdades lo que se ha demostrado falso en la historia de los contadores de cuentos.

Estemos, pues, atentos, y tengamos la memoria alerta en este tiempo de ejercicios espirituales políticos, sin dejarnos seducir por mitineros cantos de sirenas, ni embaucar con promesas por cumplir, porque una vez introducida la papeleta en la urna el retorno es imposible y la frustración por el error cometido golpeará con sonrisa de conejo nuestras almas decepcionadas.

Huir de las palabras que desmientan la realidad; escapar de promesas oscurecidas por los hechos; esquivar mentiras sustitutivas de verdades; vencer la amnesia que nubla los recuerdos; y evitar que la farsa se apodere de la voluntad, será el mejor camino para que mañana no venza la desmemoria.

GRATUIDAD DEL INSULTO

GRATUIDAD DEL INSULTO

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No sé si carecemos de leyes que sancionen las ofensas, insultos, calumnias y difamaciones públicas; ignoro si los vilipendiados no ponen las denuncias correspondientes; o si los jueces permiten que los ultrajes queden impunes dictando sentencias absolutorias o blandas para los injuriadores, por considerar los agravios como asuntos menores, pero en este país sale muy barato insultar públicamente y denigrar injustamente la dignidad de las personas.

“Difama, que algo queda”, dicen los dominadores de las vejaciones, conscientes que las degradaciones personales que propinan a sus adversarios, calan en el inconsciente colectivo y provocan un rechazo del sujeto escarnecido, aunque lo afirmado no se ajuste a la realidad, permitiendo que el engaño tome carta de veracidad.

Goebbels, el gran propagandista de la Alemania nazi afirmaba que una mentira mil veces repetida llega a convertirse con el tiempo en una verdad indiscutida, olvidándose que esa situación solo se hace realidad en mentes captas, fácilmente manipulables por la publicidad embaucadora de quienes lavan cerebros blancos carentes de sustancia gris.

No me refiero solamente a los insultos verbales, también deben sancionarse a las personas que realicen gestos de burla, mofa o desprecio hacia aquellos ciudadanos que los reciben, como es el caso de los “cortes de mangas”, los “calvos”, las “cornamentas” o las “peinetas”.

Los insultos públicos gozan de una impunidad insultante que sirve de regocijo a los desaprensivos y falsarios que ejercen tan detestable oficio en las ondas, pantallas, redes sociales y páginas de periódicos, sin que la sociedad reaccione en un Estado de Derecho, que más parece de deshecho por consentir oprobios detestables que merecen castigos ejemplares.

¡ CHAPEAU, JORDI !

¡ CHAPEAU, JORDI !

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El falso documental dirigido por Jordi Évole que emitió ayer noche La Sexta con el título de “Operación Palace”, no consiguió engañar a todos los que nos pegamos a la pantalla, pero convenció a muchos, despertó fantasmas ocultos, suscitó dudas y nos hizo disfrutar con una nueva manera de hacer televisión, recordando a Orson Welles en “La guerra de los mundos” y a Stanley Kubrick con su “Operación Luna”, simuladora de la falsa llegada del hombre a la Luna.

Lo verdaderamente meritorio de Évole no ha sido el buen juego de ficción que puso en pantalla, ni la farsa de una posible verdad que sigue corriendo por los mentideros urbanos y rurales, sino la denuncia que hizo el programa de la manipulación informativa a la que estamos sometidos por el quinto poder, servidor de los cuatro primeros que dominan el mundo.

Las palabras de los protagonistas, los argumentos de los participantes en la simulación, las tomas falsas, el fingimiento de los actores y la veracidad de las imágenes, convirtieron en drama político un sainete televisivo, cumpliendo sobradamente su objetivo de convertir una mentira en verdad, sin recurrir a la vulgaridad de Goebbels ni a la grosería intelectual de muchos políticos que insultan el sentido común del pueblo con mentiras directas a la línea de flotación de la inteligencia colectiva.

Tanto los espectadores incrédulos y desconfiados que delataron el enredo, como los asombrados e indignados que se creyeron la mentira, deben reconocer el éxito de la idea, el atrevimiento del proyecto y la valentía de los realizadores por llevar a la pantalla una apuesta infractora de normas televisivas, transgresora de modales al uso y contraventora de convencionalismos comunicativos, con dos mensaje ocultos de inapreciable valor para una sociedad informativamente manipulada y opaca que camina del ronzal, embridada por ocultos poderes dueños de la voluntad comunal.