Navegando por
Etiqueta: fanatismo

FANATISMO

FANATISMO

El fanatismo de cualquier tipo, sea cual fuere la ideología que lo sustenta: religiosa, política, deportiva o segregacionista, es una constante en la historia universal porque forma parte de la condición humana, sin distinción de raza, procedencia o condición de los fanáticos, al estar enraizado en la necesidad de creer en algo y pertenecer a un grupo privilegiado de visionarios, prevaleciendo el impulso colectivo sobre la individualidad de cada uno de sus miembros, abducidos por el credo correspondiente.

La persona fanatizada practica el sectarismo social como forma de entender las relaciones comunitarias, carece de pensamiento divergente, objetividad intelectual y capacidad mental para distinguir fabulaciones de realidades y falsificaciones de verdades históricas, confirmando con ello la teoría del propagandista nazi Goebbels, cuando afirmaba que una mentira mil veces repetida se convierte en verdad indiscutida.

Las doctrinas fanáticas tienen gran poder de penetración en jóvenes carentes de ideales que aceptan incondicionalmente aspiraciones, ilusiones o proyectos vitales –por equivocados o quiméricos que estos sean- poniendo su voluntad a disposición del banderín de enganche enarbolado por todos aquellos carentes de discernimiento objetivo, ilusiones alternativas y aspiraciones sustitutivas.

Caracteriza a los fanáticos el maniqueísmo reduccionista, formando ellos parte de los “buenos”, claro; la intransigencia ideológica a pensamientos divergentes; el autoritarismo impositivo de sus convicciones; la irracionalidad de sus dogmática posición doctrinal; y la implantación, por cirugia ideológica, de opacas orejeras que les impiden ver las alternativas mentales que abundan al borde del obsesivo camino que recorren.

Lo grave de la situación es que al fanatismo se llega pisando alfombras y entrando en la obstinación por la puerta principal del edificio doctrinario, pero se sale de él dejando pelos en la gatera, porque el final de la exacerbación concluye siempre en violencia, fractura social, desencanto general y frustración generalizada entre los abducidos, cuando estos no alcanzan sus objetivos.

FANATISMO NECIO

FANATISMO NECIO

En el marco de las tradicionales cenas estivales que celebramos los amigos cada año de casa en casa, tras disfrutar de una partida de mus con bromas incluidas, tocó ayer el turno a una terraza que enarbolaba cara al sol la bandera española.

Abundante cena ofrecida por el anfitrión del festejo y copas a granel para acompañantes de los sufridos conductores, que sin envidia alguna veíamos como pasaba la botella de licor entre los copilotos que libaban con placer la copa refrigerada de alcohol.

Luego, en la sobremesa, ocupó el espacio central de la conversación la dichosa crisis, y al españolito que esto firma se le quedó helado el corazón como a Machado, al ver la defensa que hizo de “su” España, – la suya y del partido que defiende con su vida -, uno de los amigos.

Pensaba yo durante el debate, que los políticos y sus partidos no merecían el tiempo que les estábamos dedicando y menos el acaloramiento de un contertulio, porque cuando se somete la amistad a la política se deteriora una sin beneficio de la otra.

Cuando la pasión irracional por un partido político ahoga la capacidad de pensar, la inteligencia sale por la ventana.

 Cuando se niega lo evidente por defender lo indefendible, la evolución de la especie humana camina en sentido contrario.

 Cuando se habla por boca ajena repitiendo lo que no se entiende, se corre en riesgo de invertir el orden de las palabras.

Cuando de dedica todo el tiempo a la propia cepa, se corre el riesgo de llegar tarde a la vendimia común.

Cuando se confunde lealtad con entreguismo y se mezcla confianza con ceguera, la resultante suelen ser unas gotas de frustración, mucha tristeza y total decepción.

 Cuando se desfila con la bandera de la obtusa fidelidad mirando sólo para un lado, acaba uno dándose contra el poste

Cuando se declara la incondicionalidad y servidumbre a una ideología que nada beneficia a los aplauseros, la idiotez sustituye a la razón, es difícil compartir acuerdos, imposible dialogar y conviene buscar de inmediato la puerta de servicio.