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TONTOS, CIEGOS Y AMNÉSICOS

TONTOS, CIEGOS Y AMNÉSICOS

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Parece confirmarse cada día con más fuerza el rumor que corre por las diferentes cúpulas del poder, afirmando que los ciudadanos somos tontos, ciegos y amnésicos, pretendiendo además que seamos mudos, cojos y mancos, por fuerza de ley establecida a decretazo limpio contra nuestra capacidad de razonar, ver y recordar.

La convicción que tienen los dirigentes en nuestra tontuna crónica, ceguera congénita y endémica desmemoria, está avalada por la torpeza de las mentiras con que pretenden engañarnos, y la opacidad con que disfrazan la transparencia, sustituyendo todos los cristales institucionales por gruesos muros de hormigón, semejante a la cara de cemento que exhiben los ocultadores.

La falta de entendederas que nos atribuyen para ser incapaces de comprender lo incomprensible, nos faculta para ver claramente sus intenciones bajo las pieles de cordero que cubren sus cuerpos y recordar todo aquello que con nosotros hicieron, cuando tuvieron oportunidad hacer lo contrario de lo que hicieron.

Nuestra discapacidad mental ha sido diagnosticada por los embaucadores con gran demagogia, afirmando que las cosas están cambiando aunque los ciudadanos no seamos capaces de percibir los cambios, refiriéndose a mejoras que sólo disfrutan los favorecidos por la quiebra, y no los millones de ciudadanos que están pisando el umbral de la pobreza.

La sorpresa inicial ante las actitudes de algunos líderes políticos del bicolorín parlamentario, comienza a tornarse en espanto sólo justificado por manías obsesivas de poder, desprecio a los gobernados y ausencia de la mínima ética exigible a quienes deciden o han decidido sobre nuestras vidas, en la autocracia que han levantando ambos sobre las ruinas de la soberanía popular.

PRIMER BROTE NEGRO

PRIMER BROTE NEGRO

 La torpe visión de la realidad, unida a la pasividad y falta de capacidad de los gobiernos a lo largo de la historia para captar la situación real de los países que gobernaban, ha llevado en varias ocasiones a violentas revoluciones que podrían haberse evitado si quienes ocupaban las cúpulas del poder hubieran realizado los cambios que demandaban los ciudadanos.

En un Estado de Derecho, las leyes son el armazón que sostiene la estructura organizativa del mismo, pero cuando el hambre llama a la puerta y la supervivencia familiar depende de un mendrugo de pan que no llega, la legalidad huye por la ventana. Cuando el hambre provoca el llanto de los hijos y la angustia es la oración de cada día, no cabe la resignación.

Hemos visto el primer brote negro en Andalucía y la respuesta del Gobierno no ha sido atajar las causas que han llevado a la rebelión, sino condenar a galeras a los rebeldes, haciendo un alarde de ceguera poco común, si tenemos en cuenta que un periódico ha publicado los resultados de una encuesta en la que el 89,5 % de ciudadanos aprueban la incautación de alimentos que han hecho los Robín Hoods del SAT.

Vergüenza nacional que a todos avergüenza menos a los sinvergüenzas que ahora claman justicia represiva sin tener en cuenta que la supervivencia no entiende de leyes cuando el estado de necesidad exige alimento, sin importarle en camino a seguir para evitar la hambruma.