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EXHUMACIÓN Y RECONCILIACIÓN

EXHUMACIÓN Y RECONCILIACIÓN

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En tiempo litúrgico cuaresmal de penitencia y perdón, recordamos a los caídos de “huno” y “hotro” lado, con especial memoria para los “hunos” que descansan sin identificar en fosas comunes, pues las fotografías de los “hotros” figuran en las cruces de los cementerios para ser honrados en la memoria de sus familiares y amigos.

Hablemos, pues, de las cien mil personas ignoradas que siguen en paradero desconocido bajo tierra, desperdigados por cunetas, vaguadas, olivares y tapias de cementerios, mientras sus hijos, nietos y bisnietos se desgañitan pidiendo algo que el buen sentido, la dignidad y el respeto, exigen.

Más aún, cuando muchos de tales muertos no participaron en la contienda, ni habían disparado un solo tiro contra nadie, que simplemente sufrieron represión una vez terminada la guerra en 1939, con una contundencia desconocida en Europa, según declaración del historiador Paul Preston.

Debemos esforzarnos todos los españoles por conseguir que no quede ni un solo vecino muerto sin identificar y que los restos de los fallecidos sean enterrados dignamente en la sepultura familiar, más allá de la Ley de la Memoria Histórica y de cualquier normativa que lo dicte, porque hay derechos naturales que toda sociedad civilizada debe respetar sin reserva alguna ayudando en las exhumaciones, para que los familiares dispongan lo que prefieran con los huesos de sus seres queridos.

Por pequeña que sea la empatía que tengamos con quienes desconocen el lugar donde se encuentran los restos de sus padres, hermanos y abuelos, estamos obligados a comprender que la herida abierta por los desaparecidos en el alma de sus familiares no se cerrará mientras los ausentes permanezcan en paradero desconocido.

HERNANDO II, EL DESCORAZONADO

HERNANDO II, EL DESCORAZONADO

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Descorazonado está el señor feudal político Rafael Antonio Hernando Fraile, no porque el desánimo y amilanamiento lo tengan postrado, sino por carecer de corazón y tener en su lugar una patata maliciosa y deforme, que bombea al cuerpo social detestables sentimientos hacia personas doloridas por el fusilamiento de sus familiares en tapias de cementerios, cuyos restos se encuentran dispersos en fosas comunes de cunetas rurales.

Se necesita tener un alma congelada en el frigorífico de la desvergüenza, para decir que algunos ciudadanos, huérfanos siendo niños por un vesánico disparo en la sien de su progenitor, sólo “se han acordado de su padre cuando han recibido subvenciones para encontrarlo”.

Asco produce esa vomitona de infamia visceral a los vecinos honrados y a los compañeros nobles de su partido, – como me ha confesado un buen amigo Popular -, enojando, incluso, al mismísimo Quijano, pues a los desgraciados que ya se ha castigado con obras durante décadas, les basta la pena del suplicio sin la añadidura de más ofensas verbales.

No ya por la falsedad consciente de sus palabras, – ya que el Gobierno suprimió hace dos años el presupuesto dedicado a las exhumaciones, como sabe este diputado -, sino por la maldad y descrédito premeditado que han destilado sus biliosas declaraciones en una cadena televisiva, cuyo máximo accionista es la Iglesia Católica, a través de su Conferencia Episcopal.

Este guadalajareño – ¡diputado por Almería! – es un personaje sin sentido del ridículo ni complejo visible, que presume de haber pagado en ICADE una cantidad importante de dinero para que le dieran un Máster, cuando su verdadera especialidad son los insultos, como demostró llamando “pijo ácrata” al juez Pedraz; identificando Andalucía con Etiopía; afirmando que la República provocó el millón de muertos; o responsabilizando a los padres de la desnutrición de sus hijos.

Se le pueden perdonar estos disparates y que haya comparado la bandera republicana con la cruz gamada. Incluso cabe disculpar su desconocimiento de la lengua oficial del Estado y la ignorancia ortográfica acreditada en su Twitter, donde en pocos renglones se encuentran faltas como: verguenza, arabe, Andalucia, Marzo o Almeria, siendo diputado electo por Almería.

Lo que se dirime no tiene color político alguno, pues pertenece al arco iris nacional que a todos abarca. Lo que está en juego es la estética moral de ciertos líderes políticos que denigra a honrados compañeros del Partido. Hablamos del honor de muchos españoles ya reconciliados y sin rencor, que sólo piden dar con el paradero de sus muertos para honrar su memoria. Lo que se pide es respeto, tolerancia, generosidad, comprensión, diálogo, entendimiento y solidaridad, valores humanos y democráticos desconocidos para este alcarreño.

Nadie tiene derecho a jugar con los padres muertos, denigrando a los huérfanos. Y si los jueces desatienden la denuncia presentada por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica contra este portavoz, los ciudadanos deben castigarle en las urnas, porque un ejemplar de tal especie no merece representar a ciudadanos decentes.

No todo vale, señor Hernando, por grande que sea su poder y alargados sus tentáculos en la justicia, porque con sus declaraciones públicas en 13 TV ha pisado la línea roja del sentimiento humano colectivo y eso merece castigo para desagraviar a quienes guardan en su pecho un corazón dolorido, en lugar de un tubérculo como el que usted alberga tras las rejas de sus costillas.