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Mes: abril 2018

¿ABUSO O VIOLACIÓN?

¿ABUSO O VIOLACIÓN?

La última sentencia judicial del tribunal de la Audiencia Provincial de Navarra que ha juzgado a la manada, obliga a clarificar el oscuro concepto de violación para evitar interpretaciones subjetivas de jueces que lleven a la protesta social por incomprensión popular de sentencias dictadas por altos magistrados.

El diccionario académico define la violación como acceso carnal con alguien en contra de su voluntad o cuando se halla privado de sentido o discernimiento. Algo que repite la enciclopedia jurídica, asegurando que es el más grave delito contra la libertad sexual, añadiendo que tal exceso puede ser vaginal, anal o bucal.

Los altos magistrados que han sentenciado a la “manada” juzgaron que hubo abuso sexual en los actos que realizaron, y no violación, sencillamente porque la sangre no corrió entre las piernas de la joven, ni hubo desgarraduras vaginales, ni perforaciones intestinales, ni lesiones en la glotis, ni la chiquilla clavó las uñas en los ojos de los garañones, ni cortó el pene a los depredadores.

Algo no funciona bien en un Estado de Derecho, cuando la máxima autoridad judicial asegura que a la cárcel solo van los robagallinas y los ciudadanos de tal Estado perciben el Derecho torcido, retorcido y alejado del natural sentido común, estando obligados los poderes del Estado a tomar medidas urgentes, porque de lo contrario estamos abocados a un Estado de Deshecho.

La ignorancia jurídica que nos asiste a los disconformes con la sentencia dictada, impide ver el margen de interpretación que cabe a los magistrados sobre los hechos relatados por ellos mismos en su sentencia, pues no alcanzamos a comprender lo incomprendido por ellos, ni dónde están las dudas, ni cuál debe ser la actitud del Consejo General del Poder Judicial con esos jueces, ante la sentencia dictada por los detestables hechos acontecidos la noche del 7 de julio de 2016 en el portal número 5 de la pamplonesa calle Paulino Caballero.

Cuando el Derecho Penal se opone al sentido común de los mortales, su interpretación es contraria a la lógica convencional y las sentencias son incomprendidas por el pueblo, urge modificar dicha norma jurídica para evitar interpretaciones judiciales contrarias a la concepción ciudadana de la vida práctica.

COMPLICIDAD DEL SILENCIO

COMPLICIDAD DEL SILENCIO

La denuncia de la actual presidenta de la Comunidad de Madrid por irregularidades en el Campus de la Justicia, que afecta directamente a su antecesora en el cargo, unido a las declaraciones de los principales líderes políticos afirmando que el presidente del Gobierno la mantiene en el cargo porque es una mujer que sabe demasiado sobre las andanzas del partido y de sus jefes en los últimos treinta años que lleva de militancia, obligan a denunciar el silencio cómplice de muchos afiliados de diferentes partidos, que callan lo que saben para seguir apareciendo en las fotografías o garantizarse futuro espacio en las mismas.

Al hilo de esto, cabe recordar que cuando Unamuno fue elegido por primera vez concejal del Ayuntamiento salmantino en 1917, un numeroso grupo de ciudadanos y amigos le ofrecieron un banquete en el que don Miguel intervino a los postres afirmando lo siguiente, con relación a las cuestiones que fueran tratadas en plenos y despachos consistoriales: “De lo que sí podéis estar seguros es que no guardaré secreto de nada. Diré todo lo que vea y oiga. Si entre aquellas cuatro paredes me dicen que hay cosas que no se pueden decir, lo diré allí y en la plaza pública”.

Actitud que contrasta con el silencio mantenido por los políticos del colorín nacional, temerosos de ser condenados al fuego partidista si rebelan trampas, mentiras, intrigas y corruptelas, convirtiéndose de esta forma en cómplices de dichas tropelías, al silenciar delitos que conocen, enmascarar la verdad y encubrir celadas, camuflando sucias negociaciones o disimulando cambalaches, como forma de cobardía social que sólo favorece a quienes se aprovechan del silencio de los sabedores, recibiendo estos a cambio deshonrosas migajas.

Es obligado recordar que el silencio ante el mal, representa el propio mal; que el pecado de silencio es cobardía pusilánime; que el silencio es complicidad; y, finalmente, que el artículo 259 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal afirma que quien presenciare la perpetración de cualquier delito público está obligado a ponerlo inmediatamente en conocimiento del juez de instrucción o funcionario fiscal más próximo al sitio en que se hallare, sin obligación de probar los hechos denunciados.

CORPORATIVISMO UNIVERSITARIO

CORPORATIVISMO UNIVERSITARIO

La inmerecida valoración pública que está recibiendo la Universidad Rey Juan Carlos, con motivo del máster otorgado en tómbola in-docente por unos mercaderes de favores a la estudiante Cristina Cifuentes, nos obliga a rechazar las descalificaciones generalizadas que están recibiendo los profesores de dicha institución en diferentes medios y mentideros, sabiendo que son más las cátedras honradas asentadas en sus tribunas docentes, que los asientos de mimbre arrinconados en el desprecio colectivo.

Los detestables hechos llevados a cabo por estómagos agradecidos, intelectualoides de medio pelo y ciruelos sin pulpa mental, no pueden empañar el mérito docente, la talla intelectual, el docto sentir, la erudición y el compromiso formativo de los muchos que ocupan la tarima escolástica en dicha Universidad.

No han merecido sus profesores ser regidos por un mandatario degradado intelectualmente por haber plagiado un trabajo. Tampoco por quien fue destituido con moción de censura. Ni por el rector del “máster”, que intentó sobornar con dinero a su oponente electoral, antes de ser nombrado magistrado del más alto tribunal. Ni por el actual mandamás que dice, se desdice, vuelve a decir y desdecirse con solicitud de perdón, declarándose engañado por sus compañeros. Finalmente, tampoco merecen los profesores y alumnos la titularidad del nombre tallado en el frontispicio de la docta casa.

Somos mayoría los que confiamos en esa Universidad y en todas las demás como motores de regeneración social, estimuladores de creatividad, crisol de virtudes intelectuales y esperanza de futuro, pero también es cierto que el mayoritario sector universitario honrado debe superar la cobardía del silencio y el corporativismo enfermizo en defensa de quienes no merecen semejante amparo, porque tal protección perjudica a quienes disculpan y exculpan acciones rechazadas por la ética más elemental y el compromiso obligado con la verdad que deben atesorar quienes tienen la sagrada misión de formar a los futuros dirigentes sociales.

LA RESURRECCIÓN, SUSTENTO DE FE

LA RESURRECCIÓN, SUSTENTO DE FE

La resurrección del Hijo del Hombre que hoy celebra la liturgia católica pertenece en exclusiva al personal espacio de la fe religiosa y es justificación de ella, porque como dijo el predicador y gran propagandista del cristianismo, Pablo de Tarso, sin la resurrección de Jesucristo la religión cristiana no tendría sentido.

Pero la realidad es que nunca llegará a probarse la resurrección de la segunda persona trinitaria como hecho histórico, encontrándose el automilagro en la capacidad de cada cual para creer – o crear – lo que no han visto, siendo la Iglesia fedataria de un hecho científicamente inexistente mantenido por la fe y rechazado por la razón.

Pero Mateo, 28; Marcos, 16, Lucas, 24; y Juan, 20, dejan muy clara la resurrección a los creyentes, sin convencer a los pobres descreídos para desgracia de ellos, pues su incredulidad los excluye del grupo afortunado de “dichosos que no han visto y han creído”, como dice San Juan.

No obstante, es curioso que el resucitado no se presentara a sus seguidores con el mismo aspecto físico ni la misma cara que los discípulos le habían visto durante los años que estuvieron con él. En caso contrario no puede entenderse que dos de estos amigos no le reconocieran cuando conversó con ellos camino de Emaús. Ni que su enamorada Magdalena le confundiera con un hortelano cuando se presentó ante ella. Ni que a los discípulos tuviera que mostrarles sus manos y costado para que le reconocieran, con ayuda del Espíritu Santo, claro. Ni que Tomás se viera obligado a meter la mano en la herida. Ni que los pescadores del Tiberiades sólo le reconocieran al sacar las redes llenas de peces siguiendo las instrucciones del “aparecido”, y no cuando se acercó a ellos.

Algo que explicaron a su modo y siempre desde la fe, Karl Rahner y Gómez Caffarena, abandonando cielo, cuerpo y ascensión, para fijar su atención en el eterno espíritu evangélico, mantenedor de lo racionalmente increíble, justificación de creencia, fundamento doctrinal, sostén de la iglesia y aliento del Cuerpo Místico, pues la fe en la resurrección es sustento de la propia fe.